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EL PAPEL CLAVE DE LA EDUCACION OBRERA

Transcurridos más de diez años de la última gran reunión sindical internacional consagrada a la educación obrera (Elsinor, Dinamarca, 1994), no cabe duda de que 2007 es un excelente momento para dedicar a ese tema el coloquio bienal (Ginebra, 8-12 de octubre de 2007) que organiza la Ofi cina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) de la OIT, tema que reviste suma importancia para las organizaciones de trabajadores, pues se trata de la actividad de formación de militantes, delegados y dirigentes que constituye, prácticamente desde el nacimiento del sindicalismo, una de las principales actividades motivadoras de la fidelidad a esos ideales y principios, su refuerzo, su constante adaptación a las nuevas realidades y, finalmente, su perdurabilidad.

¿Se le presta tal atención internacional a la educación obrera porque está en crisis? Rotundamente, no. Todos los años brinda formación en todo el mundo a centenares de miles de sindicalistas sobre los rudimentos y las técnicas de negociación colectiva, sobre la manera de sindicalizar a otras personas, sobre cuestiones de salud y seguridad profesionales, sobre derechos laborales, igualdad, etc. En muchos países, la educación obrera abarca un ámbito mucho más amplio que el de las cuestiones inherentes a los lugares de trabajo y se ocupa del papel de las organizaciones sindicales en la sociedad, en el refuerzo de la democracia y en la lucha por la justicia social o para defender el medio ambiente.

Auténtica educación popular, en el buen sentido del término, la educación obrera no es una réplica de la educación que se imparte en los colegios o en las universidades – que sigue por supuesto revistiendo muchísima importancia –, sino que brinda una formación única en su tipo partiendo de los problemas a los que hacen frente los trabajadores y trabajadoras. Su contenido puede ser muy diferente del de los programas escolares y se transmite con una pedagogía propia. La educación obrera, que evoluciona constantemente, ha ampliado la gama de intervenciones y ha tendido puentes con todos los niveles de la enseñanza, inclusive universitaria. El programa de las actividades para los trabajadores que lleva a cabo el Centro Internacional de Formación de la OIT de Turín no se queda a la zaga, ya que todos los años brinda capacitación a varios centenares de dirigentes sindicales y confi rma así la importancia que la OIT atribuye al refuerzo de las capacidades de las organizaciones de trabajadores a través de la educación obrera.

Entonces ¿por qué consagrarle un coloquio internacional? La respuesta es simple. La educación obrera ha dado muchísimo al movimiento sindical, pero en los tiempos venideros se le pedirá que dé todavía más. Y desde la reunión de Elsinor, el mundo cambió y las bazas que se juegan con la mundialización y el trabajo decente se perfi laron más nítidamente. Como bien dice Bruce Spencer de la Universidad de Athabasca en su colaboración para este número especial de Educación Obrera: además de sus preocupaciones cotidianas, los sindicatos deben responder a un interrogante fundamental: ¿cuáles son sus objetivos en la labor de formación que llevan a cabo?, ¿procuran nada más defender a sus afiliados dentro del contexto de la nueva configuración del mundo o quieren pasar a ser protagonistas y ocupar un primer plano dentro de la sociedad civil? Bruce Spencer agrega que si los sindicatos optaran por la segunda alternativa, se deberá adaptar el concepto de la formación que se imparte. Esta ya no podrá limitarse a cubrir el papel de representación – que es el actual y que se deberá preservar –, sino que se deberá ampliar con cursos y programas que permitan a los delegados participar en la obra de edifi cación de la sociedad en general. El debate ya se ha iniciado y algunas centrales sindicales ya se han comprometido a efectuar ajustes y probado sus fuerzas en nuevas sendas. De allí la idea de este coloquio, que permitirá a sindicalistas dedicados a la formación de los cinco continentes entablar un diálogo, intercambiar puntos de vista y experiencias, contemplar posibles formas de coordinación y sinergia. En esta discusión se defi nirían mejor las preocupaciones actuales y futuras del movimiento sindical en lo referente a la formación y se adaptarían los métodos pedagógicos y los programas en función de los resultados.

La educación obrera es la principal herramienta del movimiento sindical, una herramienta que – no hay que olvidarlo – se financia en gran parte con las cotizaciones de los afiliados y afiliadas. Por lo tanto, también es una valiosísima inversión. Derek Bok, ex presidente de la Universidad de Harvard, solía decir: Si creen que la educación cuesta cara, ¡qué me dicen de la ignorancia! Esta salida, que se convirtió en la divisa de muchas campañas sindicales destinadas a promover y preservar una educación pública de calidad, se aplica también por supuesto a los sindicatos, que tienen conciencia de lo importante que es invertir en formación.

Además de ser la herramienta del movimiento sindical, la educación obrera es asimismo el laboratorio donde los hombres y mujeres militantes desarrollan nuevas ideas para movilizarse ante los nuevos problemas que enfrentan en sus trabajos o que constituyen preocupaciones más generales de los trabajadores y trabajadoras. El estrés, la violencia en el trabajo y el acoso forman parte de las cuestiones sobre las que tuvieron que reflexionar los formadores, a veces antes de que las mismas fi guraran en los órdenes del día de las organizaciones sindicales.

Hoy en día, las organizaciones sindicales y sus programas de formación no pueden eludir los efectos de la mundialización de la economía, la reivindicación del trabajo decente, la lucha contra la propagación del VIH/SIDA ni las distintas formas de discriminación contra las personas seropositivas, el cambio climático, las migraciones, la expansión de la economía informal. Deben preparar a los representantes de los trabajadores para que puedan asumir responsabilidades en complejas negociaciones: procesos de integración económica, programas estratégicos de lucha contra la pobreza, fl exibilidad, seguridad, comités de empresas multinacionales. Cuestiones de gran importancia, como la buena gobernanza, la reducción de la deuda de los países más pobres, los programas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, forman parte de los ámbitos que deben discutir en su vida diaria las organizaciones sindicales nacionales e internacionales.

Todo eso tiene lugar en un entorno que no siempre es propicio para el diálogo. En el balance del primer informe anual sobre las violaciones de los derechos sindicales (septiembre de 2007) de la nueva Confederación Sindical Internacional figura un saldo de 144 asesinatos de sindicalistas cometidos en 2006, más de 5.000 arrestos relacionados con actividades sindicales y 8.000 casos de despidos por las mismas razones. En el informe se menciona que en 138 países se han cometido distintos tipos de violaciones de la libertad sindical.

En este número consagrado a la educación obrera queremos reiterar que para la OIT la educación obrera es mucho más que una necesidad: es un derecho. En el artículo 2, apartado c) del Convenio sobre la licencia pagada de estudios, 1974 (núm. 140), se estipula que todo Miembro de la OIT deberá formular y aplicar una política destinada a promover la licencia pagada de estudios, comprendida a esos fines la educación sindical. Y diversos instrumentos subrayan la importancia de esta disposición para distintas categorías de trabajadores: jóvenes, trabajadores a tiempo parcial, trabajadores de edad, trabajadores con responsabilidades familiares o trabajadores nocturnos.

El coloquio internacional de los trabajadores sobre la educación obrera también podrá constituir una oportunidad para que los sindicatos se comprometan a promover la ratificación del Convenio núm. 140 (que hasta el momento cuenta solamente con 34 ratificaciones) y reiterar a los gobiernos la importancia de ese instrumento.

Los compañeros y compañeras del Programa de Actividades para los Trabajadores del Centro Internacional de Formación de la OIT de Turín y los de la Oficina de Actividades para los Trabajadores de la sede de la OIT contribuyeron a preparar este número con miras a la discusión que se desarrollará durante el coloquio internacional de trabajadores sobre la educación obrera. Sus análisis no pretenden dar soluciones acabadas sobre lo que deberá ser la educación obrera en el futuro. Pero, junto con los análisis de otros especialistas que se publican en este número, aclaran el panorama, hacen un balance y esbozan sendas de reflexión que podrían servir para motivar e inspirar los debates; al menos eso es lo que esperamos que suceda.

Hay muy pocas obras globales sobre la educación obrera. El gran público conoce y reconoce la contribución del movimiento sindical a la promoción de la educación para todos y a la enseñanza gratuita y de calidad, pero el papel que desempeña el sindicalismo en el ámbito de la formación a través de la educación obrera ha quedado algo más en las sombras, a pesar de la gran inversión que demanda, tanto en el plano fi nanciero como humano. El coloquio internacional de los trabajadores sobre la educación obrera y los documentos que se le consagrarán en este número llenarán en parte esta laguna. Permitirán que la OIT y, en particular, su Ofi cina de Actividades para los Trabajadores revalúen los programas de formación a la luz de las conclusiones que se adopten. Esperemos sobre todo que sirvan para avivar los debates y que se enriquezcan con ellos, que estos últimos desemboquen en un programa de acción susceptible de hacer que la educación obrera sea todavía más efi caz, todavía más pertinente y todavía más acorde con la mundialización.