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La educación sindical a distancia: la enseñanza solidaria en todo el mundo

¿Es mejor aprender en línea que asistir a las clases impartidas en las aulas? No, pero es mejor una educación en línea que ningún tipo de educación obrera. Y la educación en línea puede ayudarnos a construir una cultura mundial de educación obrera que no implique remitir manuales a los distintos puntos del planeta ni que las personas se ausenten de sus lugares de trabajo.

Marc Bélanger Educador sindical Programa de Actividades para los Trabajadores del Centro Internacional de Formación de la OIT de Turín

 

 

Belice es uno de los países más pequeños del mundo. Está situado en la base de la península de Yucatán, en América Central, y linda con vecinos de mayor talla: México y Guatemala. En Belice hay un próspero movimiento sindical – alrededor del 11 por ciento de la fuerza laboral está sindicada – pero, al igual que en muchos otros países y regiones del mundo en desarrollo, sus sindicatos tienen problemas para hacer frente a los efectos de la mundialización. La agricultura y la industria textil del país se ven a menudo gravemente perjudicadas al ser alcanzadas por algún nuevo efecto de la mundialización. Los dirigentes, el personal y los afiliados de los sindicatos quieren comprender mejor cómo funciona la mundialización y saben que la educación obrera podría permitirles lograrlo. Pero sus sindicatos no pueden pagarse muchos educadores sindicales y, dada la ubicación geográfica aislada del país, no son muchos los educadores sindicales internacionales que tienen ocasión de ir allí a impartir seminarios. ¿Qué se puede hacer para ayudar a los sindicatos de Belice y de otros países que están en una situación similar?

Una de las cosas que se pueden hacer al respecto – como vieron recientemente los sindicalistas de Belice – consiste en participar en los cursos de educación obrera internacional a distancia que se imparten a través de Internet. «Desde hace cierto tiempo daba vueltas en Belice la idea de la educación sindical a distancia», señala Bernard Pitts, un sindicalista beliceño que participó hace poco en un curso sobre tecnología de la información impartido a través de Internet. «¡Ahora la tenemos al alcance de la mano! ¡Es un milagro que los sindicalistas – partiendo de una total ignorancia sobre la tecnología de la información y de lo que es una página de Internet – tengan la posibilidad de adquirir por lo menos un conocimiento básico en tan poco tiempo y sin tener que ausentarse de sus trabajos!»

Se trata de un método efectivo de impartir educación obrera a militantes sindicales que están demasiado ocupados como para asistir regularmente a clase, que trabajan en organizaciones que no cuentan con educadores sindicales o que están en lugares geográficamente aislados como Belice o las islas del Pacífico Sur. En esta situación están muchos de los sindicalistas del mundo, tanto de países en desarrollo como de países desarrollados.

En este artículo se describe la educación obrera a distancia y se informa sobre un estudio de caso referente a 34  sindicalistas de 24 países en desarrollo que participaron en un reciente curso en línea (mediante comunicaciones por computadora).

 

Educación obrera a distancia


La educación obrera a distancia, llevada a cabo mediante comunicaciones por computadora, comenzó en 1985, al crear el sindicato canadiense de empleados públicos SoliNet (Solidarity Network). SoliNet se utilizaba para brindar formación en materia de salud y seguridad profesionales, igualdad de remuneración, tecnología de la información, negociación colectiva y otros temas relacionados con los sindicatos.

Los educadores del sindicato utilizaban SoliNet para discutir los programas y elaborar material pedagógico. Sus discusiones se realizaban en «conferencias» por computadora, en las cuales grupos de personas tenían la misma base de mensajes.


A diferencia del correo electrónico, que es un medio de comunicación de una persona a otra, las conferencias por computadora permiten que varias personas se comuniquen entre sí al mismo tiempo. A través de las comunicaciones grupales, los sindicatos afi anzan su solidaridad y su poder. No es necesario que los integrantes de un grupo estén frente a la computadora en el mismo momento. Pueden leer o enviar mensajes a la central SoliComm (véase más adelante) cuando les resulte más conveniente. En 1995 SoliNet se utilizó para llevar a cabo la primera de las  conferencias internacionales sobre educación obrera. Participaron en ella más de mil personas de todo el mundo. Al año siguiente se utilizó este sistema para llevar a cabo el primero de los cursos en línea sobre temas laborales con entrega de certifi cado. Fue también el detonante para que surgieran muchos proyectos, incluyendo el servicio de noticias sindicales LabourStart, que comenzó a funcionar en SoliNet en 1995. En 2000 el programa de la Ofi cina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) del Centro Internacional de Formación de la OIT de Turín, Italia, hizo una nueva versión de SoliNet, denominada sistema de Comunicaciones Solidarias (SoliComm).

Entre tanto, otras organizaciones sindicales daban también sus primeros pasos en el ámbito de la educación obrera en línea. Entre 1999 y 2004, el Colegio Sindical Europeo (CSE) llevó a cabo una serie de proyectos piloto. Hicieron asimismo distintas experiencias con este medio una serie de movimientos sindicales nacionales, principalmente los del Canadá, Alemania, Italia, Reino Unido y los países nórdicos. Algunos centros de estudios laborales, como los de la Universidad de Athabasca del Canadá y la Universidad de Filadelfi a de los Estados Unidos, comenzaron a utilizar el sistema de conferencias por computadora para impartir cursos en línea. ACTRAV de Turín ha venido utilizando SoliComm para llevar a cabo cursos sobre salud y seguridad profesionales, normas internacionales del trabajo, mundialización y otros temas. A través de todas estas experiencias se demostró el potencial de este medio para impartir educación obrera a mayor cantidad de afi liados sindicales y se aprendió mucho sobre cómo conseguir que su utilización sea más eficaz.

 

Tipos de educación a distancia


Hay tres tipos de educación a distancia que utilizan comunicaciones por computadora. El primero de ellos es una adaptación de la versión tradicional de la educación a distancia por correo. Los alumnos bajan (sacan información que incorporan a sus computadoras) lecciones que se han colocado en una página de Internet y, cuando han terminado las lecciones, cargan (envían a la computadora central) los ficheros o ensayos terminados. Ocasionalmente, pueden tener contacto con sus monitores a través de correo electrónico, pero la mayor parte del tiempo estudian solos. El segundo tipo es la formación en línea. En esta alternativa los estudiantes interactúan con programas en línea a fi n de estudiar un tema como inglés, estadísticas o programación de computadoras. El tercer tipo, que es el más adecuado para la educación obrera, es el aprendizaje colaborativo en línea. A diferencia de los dos primeros tipos, este último está orientado hacia los grupos y los debates. Busca crear nuevos conocimientos, mientras que los dos primeros están destinados a transmitir a los estudiantes información ya existente que deben memorizar como la reciben. El movimiento sindical internacional necesita desesperadamente nuevos conocimientos con el fin de preparar sus respuestas a nuevos sucesos, como la actual etapa de mundialización.

La diferencia entre transmitir compendios de información y crear nuevos conocimientos es muy importante. Es algo que responde directamente a las exigencias de la pedagogía tradicional de la educación obrera (su conjunto de fi losofías y prácticas educativas). El movimiento sindical puso énfasis desde muy temprano en el aprendizaje entre iguales. Antes de la Primera Guerra Mundial, los trabajadores aprendían de otros trabajadores, ya fuera en los grupos que ellos mismos formaban o en grupos aliados del movimiento sindical, como Workers’ Educational Association (WEA) del Reino Unido o los colegios sindicales de los Estados Unidos. Cuando los sindicatos asumieron el control de la educación obrera, luego de la Segunda Guerra Mundial, cambiaron el rumbo de la actividad educativa, que pasó de ser educación de los trabajadores a ser educación sindical, y utilizaron para ello actividades tradicionales como las clases magistrales.

Esta pedagogía que giraba en torno a las clases magistrales comenzó a cambiar a finales de los sesenta y setenta, debido a la infl uencia de las técnicas de aprendizaje con pares implantadas en el movimiento de mujeres y a las ideas de teóricos de la educación popular (entre quienes cabe destacar al brasileño Paulo Freire). Se pasó a poner énfasis en la educación participativa, donde se reconocían los conocimientos que ya tenían los participantes y se mejoraban, como así también en técnicas de aprendizaje activo, como trabajo en pequeños grupos donde se alentaba a los participantes a aprender de los demás, no solamente del instructor.

 

Pedagogía de la educación obrera


Hacia finales de los años noventa la mayoría de los educadores sindicales reconocieron que la educación participativa basada en métodos de aprendizaje activo es el método pedagógico más adecuado para el movimiento sindical. La misma promovía el trabajo colaborativo en grupos (fuente sindical de solidaridad y poder), reconocía a la comunidad como principio central, aprovechaba lo aprendido anteriormente y los conocimientos existentes y se concentraba en los participantes (a quienes ya no se denominaba «estudiantes») en lugar de hacerlo en el instructor. La práctica y la descripción de la pedagogía misma – la forma en la que se organizaba la educación – variaba mucho de un lugar a otro del mundo, en función de las necesidades del movimiento sindical del país, su entorno político y el contexto cultural en el que operaba. No obstante, a comienzos de los noventa se fue desarrollando en los Estados Unidos un enfoque en común a partir del movimiento de «sindicar a las personas no sindicadas». José La Luz, quien era entonces el director de educación del sindicato de trabajadores del textil y el vestido (Amalgamated Clothing and Textile Workers’ Union, ACTWU), lo bosquejó como un proceso en tres etapas:

 

1) compartir información

2) reflexionar y analizar

3) tomar medidas y estrategias adecuadas. 

 

«Nuestro proceso pedagógico – escribió – deja de lado la utilización de clases magistrales y discursos, fomentando en cambio métodos más activos que llevan a un análisis y examen crítico de la realidad donde opera el sindicato, sin hacer presunciones. Comenzando por compartir la información, el proceso pasa a reflexionar sobre esa información y a analizarla y luego a elaborar estrategias sobre las medidas que se deberían tomar. Una vez tomadas las medidas, se inicia de nuevo el proceso intercambiando información sobre la acción realizada. »

Los sindicatos brasileños – cuando a comienzos de los noventa ayudaban a sus miembros a reforzar la incipiente democracia del país tras años de fascismo y dictadura – adoptaron básicamente la misma posición pedagógica, pero fueron más allá en lo referente a definir el papel de la creación de conciencia política en la clase trabajadora. Sus educadores sindicales concebían situaciones destinadas a alentar a los miembros a pensar en sus experiencias y elaborar teorías de trabajo. Luego le daban forma a esas teorías y las presentaban de manera coherente y estructurada a los miembros. Después se iniciaba nuevamente el ciclo.

¿Qué tiene que ver todo esto con la educación a distancia? Mucho. Si el movimiento sindical ha de adoptar y utilizar la educación a distancia, la misma debe poder refl ejar los principios y prácticas básicas de la educación obrera: trabajo colaborativo, sentido de comunidad y actividades orientadas a los debates, todos ellos arraigados en experiencias reales de los miembros en sus lugares de trabajo. Y puede hacerlo si adopta el método denominado aprendizaje colaborativo. El aprendizaje colaborativo implica que los grupos realizan tareas en común, como la creación de un documento, con eventual asesoramiento – no control – del instructor.

Los integrantes del grupo comienzan actuando como individuos, teniendo puntos de vista muy diferentes entre sí, pero mediante la utilización de técnicas colaborativas, como trabajo en grupos pequeños y estipulación de tareas a realizarse en común, comienzan a desarrollar una solidaridad intelectual. La clave está en la tarea estipulada (generalmente por el instructor). Debe tratarse de una tarea con la que no solamente estén de acuerdo los integrantes del grupo, sino que también la consideren apropiada para sus lugares de trabajo. ¿Cómo se sabe todo esto? Bien, contamos con las lecciones aprendidas gracias a centenares de cursos en línea de colegios y universidades de todo el mundo y a millones de personas que están estudiando en línea. Además, disponemos de un reciente estudio realizado por el programa de la Ofi cina de Actividades para los Trabajadores (ACTRAV) de Turín. Dicho estudio proporciona considerables pruebas que muestran que la educación a distancia puede ser un efi caz instrumento educativo para la educación obrera internacional.