Atajos:   Regiones                   Temas                
   Sectores                

Oficina Regional para América Latina y el Caribe  

Oficina Regional para América Latina y el Caribe

   

Escuela de Trabajo Decente  

Escuela de Trabajo Decente

   

Trabajo Decente al Cubo  

trabajao Decente al Cubo
   

Plataforma Normativa sobre el Sector Público  

Plataforma Normativa sobre el Sector Público con transversalidad de Género en las Américas

   

Actividades en la región  

Actividades ACTRAV en la región

   

Bibliotecas virtuales  

Guías de Investigación - Biblioteca de la OIT

   

Tarjeta Roja al trabajo infantil  

   

Plataforma de Pueblos indígenas  

   

La educación y la formación sindical en América Latina

América Latina cuenta con una amplia, mutante y compleja diversidad, por lo que, toda afirmación sobre ella tiene siempre matices acordes con las realidades de cada nación, con el sector de actividad económica que se analiza y con el grupo poblacional. Dentro de éste influye el nivel de ingreso, las diferencias de género, así como su nivel de organización y participación sociopolítica. Al hablar entonces de los avances y desafíos de la educación lo haremos sobre la base de las grandes tendencias que podemos observar y no de las especificidades de cada país.

Carmen Benítez Programa de Actividades para los Trabajadores del Centro Internacional de Formación de la OIT, Turín

Eduardo Rodríguez Calderón Especialista principal en actividades para los trabajadores OIT, Santiago de Chile

 

Un avance significativo en el ámbito regional estriba en el consenso social progresivo de que la educación es un derecho humano y, como tal, lo es a lo largo de la vida. Este consenso político, no se traduce aún en un cambio en el sistema educativo, en la adecuada articulación de los distintos componentes de sus estructuras y en la responsabilidad social y solidaria que implica su financiamiento; por tanto, el desafío mayor es hacer realidad ese derecho para todos y todas.

El movimiento sindical ha sido uno de los actores que más ha impulsado y promueve el desarrollo educativo; de esa forma se ha logrado, desde inicios del siglo pasado, la inclusión de la educación como un derecho constitucional, en el que se indica que la educación debe ser obligatoria, pública y gratuita. En algunos países se establece también que sea laica; en otros casos se ha logrado fijar la responsabilidad que las empresas tienen con la educación como se hizo en el artículo 123 (apartado A, fracción XII) de la Constitución mexicana. También se afirma el derecho a la formación profesional en y para el trabajo. Otras contribuciones históricas han sido la participación de las organizaciones sindicales en las campañas nacionales de alfabetización. Por, ejemplo la CUT (Central Unica dos Trabalhadores) del Brasil desarrolla un Proyecto de Alfabetización de Jóvenes y Adultos que se denomina «Todas las Letras». En el año 2005 se beneficiaron 80.000 trabajadores, en particular provenientes de los grupos más vulnerables. Otra experiencia reconocida es la de los Centros Educativos de Nivel Secundario para Adultos de la CGT (Confederación General del Trabajo) de la República

Argentina, que tienen una larga e importante trayectoria. Algunas organizaciones sindicales regionales como la CIOSL/ORIT y la UITA han realizado, hace algunos años, programas de alfabetización en Haití.

El reconocimiento de la educación como un derecho humano a lo largo de la vida, tiene múltiples significados. La revaloración de la participación y el compromiso de todos los actores sociales con la educación se manifiesta en la creciente participación de las organizaciones sindicales para la definición de políticas y programas de educación para todos. Lo anterior no obsta para que el Estado mantenga incólume su responsabilidad de garantizar la educación para todos y todas. Otra implicación que se debe discutir es el papel de las organizaciones sindicales en la formación continua de los trabajadores, con todas las implicaciones políticas e incluso financieras que ello podría implicar para el Estado. Hay ejemplos notables de financiación de la educación sindical, sin perdida de la independencia y autonomía de las organizaciones. Uno de los más desarrollados es el de España, pero en la región también existen otras experiencias, entre las que podemos mencionar las del Brasil, Chile, Panamá y México, cada una de ellas con distintas características.

Contrastar el derecho a la educación con el acceso real que la población tiene a él permite conocer los déficits y los niveles de inclusión y exclusión. En ese proceso, queda claro que nuevos indicadores deben ser desarrollados y que algunos de los indicadores tradicionales deberían ser redefi nidos.

En el pasado se veía a la educación como un medio de ascenso social y eso fue así durante muchos años. Sin embargo, por las transformaciones que se han dado con motivo de la tercera revolución científico-tecnológica, de la práctica de las políticas neoliberales, del proceso de apertura y libre comercio el ascenso social por vía de la educación no está garantizado a pesar que es indispensable para tener más y mejores opciones de vida y de trabajo.

Hoy, cientos de miles de profesionales están refugiados en la economía informal, otros forman parte de los grandes flujos migratorios que recorren el mundo en búsqueda de mejores condiciones de trabajo y de vida para ellos y sus familiares; otros más están sobrecalifi cados para las labores que desempeñan y por las cuales son remunerados. Estos fenómenos son un escollo para el desarrollo social y humano.

Algunos de los avances más signifi cativos en el ámbito regional en el campo educativo son:

 

Mayor cobertura en la educación básica. Será posible alcanzar la meta del milenio en varios de los países de la región.

Hay avances en la calidad de la educación, pero existen déficits con respecto a la cobertura.

Superación del diferencial formativo de las mujeres respecto de los hombres. El índice de paridad de género es inverso a los estratos de edad; así tenemos por ejemplo que hay mayor igualdad de oportunidades para el segmento de la población de 15 a 24 años que para la de 25 a 59.

La evolución de la estructura poblacional tiende a reducir las presiones cuantitativas de la educación, pero las cualitativas serán cada vez mayores dados los avances del conocimiento científico y tecnológico.

La comunidad educativa tiene ahora una mayor participación que en el pasado y existen condiciones institucionales para que ésta se consolide como una tendencia.

 

Los desafíos de la educación siguen siendo múltiples, algunos de ellos se refieren a:

 

Revertir la desigualdad en el acceso a la educación que se mantiene entre la población urbana y rural.

Igualar las oportunidades de acceso y al desarrollo educativo.

La inclusión de los pueblos indígenas y negros.

Ampliar el acceso a los programas de formación profesional, la que es marginal para los trabajadores de la economía informal y del sector rural.

Elevar el financiamiento público para la educación. Está básicamente concentrado en la remuneración del personal docente. Se asignan fondos mínimos para la infraestructura necesaria, la investigación y el desarrollo pedagógico. En algunos casos se exige mayor aporte social a quienes menos tienen.

Impulsar fuertemente la investigación y el desarrollo pedagógico. Muchos de los esfuerzos realizados incluyendo la asignación de recursos actualmente no están dando sus resultados por una falta de innovación y reorganización del proceso educativo.

Respetar los derechos sindicales y laborales de los trabajadores de la educación e impulsar el diálogo laboral efectivo podrá contribuir a reducir la conflictividad laboral y mejorar las condiciones y ambiente de trabajo.

Consolidar la participación sindical y ciudadana en el sistema educativo.

 

Los tratados de libre comercio, en algunos casos, pueden poner en peligro la educación cuando viene considerada como un objeto de mercado, un negocio. Esta visión tiende a perpetuar la desigualdad y excluye a millones de seres humanos del tesoro que signifi ca la educación en tanto que es libertaria y cohesiona la convivencia en el marco de los principios de la democracia, la solidaridad, la tolerancia y la paz. En contrapartida, surgen compromisos de otro tipo como el asumido en la UNESCO y en las Naciones Unidas para alcanzar por un lado, los objetivos del milenio y por el otro hacer de la educación un derecho universal a lo largo de la vida para hacer compatible la mayor interdependencia de los países con el goce efectivo del derecho humano a la educación. Es un gran desafío a resolver.

La cooperación internacional ha desarrollado un papel fundamental en el desarrollo de la educación, en ese marco podemos citar a la UNESCO, la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OIE), el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), que es además la expresión de la cooperación interagencial; y la propia OIT, que a través de la cooperación y asistencia técnica tiene en la educación a uno de sus principales pilares y es la única que desde su origen emprende actividades de formación de carácter tripartito para el mundo del trabajo.

Siendo por tanto la educación un proceso a lo largo de la vida, la formación sindical parte de la experiencia de aprendizaje anterior de los trabajadores afi liados o fraternos a la organización y es concomitante con otros procesos de formación profesional, ciudadana, etc. Por tanto, es conveniente tener presentes los avances y desafíos generales de la educación antes de presentar los relacionados con la formación sindical.

 

La formación sindical en América Latina

 

La formación de los movimientos sociales en América Latina en gran parte está precedida por el trabajo realizado con las comunidades de base a través de la educación popular. La aplicación del método de Paulo Freire que se expresa en su libro Pedagogía del oprimido rescata la autoestima de los movimientos sociales cuando afi rma que nadie es más culto que el otro, y que existen culturas paralelas y complementarias; así, el erudito no sabe lo que sabe la cocinera, ni el profesor universitario lo que sabe el mecánico. Por lo tanto, la valorización de estos conocimientos parte de las prácticas y experiencias sociales de cada persona para luego sistematizar conceptos que permitan interpretar su propia realidad, reconstruir su propia identidad e historia y afirmarse, primero, como personas y luego como actores sociales, aplicando de esta manera el método inductivo de base: praxis-concepto-praxis.

A partir de estos principios y en la búsqueda de espacios a través de los cuales el movimiento sindical busca construir y reforzar su propia identidad colectiva, la formación sindical se desarrolla como una función propia e intransferible del movimiento de los trabajadores y trabajadoras y como un pilar para su afirmación como sujeto histórico y actor socio-político. Este sujeto debe ser capaz de incidir en la construcción de procesos democráticos para la emancipación y transformación de hombres y mujeres capaces de influir sobre la sociedad colocando a las personas y al trabajo por encima del capital. Por ello se afirma que la formación sindical reviste un carácter político y estratégico a fin de fortalecer la organización y su acción transformadora.

La capacidad de generar pensamiento alternativo, creativo y comprometido depende también de la profundidad y sistematización de la formación sindical que debe desarrollar en el trabajador y la trabajadora su juicio crítico y político, producto de la reflexión y confrontación colectiva.

Obviamente, los principios y valores que inspiran y marcan los procesos de formación sindical son muy importantes para la generación de una dirigencia sindical militante, libre y autónoma como son la democracia, la justicia social, la igualdad, la equidad, el emancipación de los trabajadores, el pluralismo y una efectiva solidaridad internacional. Nos ocuparemos de algunos de ellos ya que estos mismos forman parte de los principales desafíos.

 

La formación sindical y la democracia

 

En América Latina existe una carencia de aspectos sustanciales de la democracia. Ello forma parte de nuestra propia historia en la que en algunos casos aún se repiten prácticas autoritarias propias de la época de la colonia. Muchas veces las personas no se reconocen como ciudadanos, sino como súbditos, y ello se refleja en las relaciones laborales y en la sociedad en general. Uno de los desafíos más grandes para la formación sindical es el de no reproducir el autoritarismo, el egocentrismo en el ejercicio de la conducción sindical. Para ello se hace indispensable que los trabajadores analicen su propia historia, identifiquen sus avances y retrocesos, reflexionen constantemente sobre su propio comportamiento para reconstruir y reforzar su identidad colectiva como movimiento libre y democrático. Es necesario incluir espacios para el ejercicio de la discrepancia evitando de esa manera situaciones de abuso de poder. Todo esto tiene que ver con la pedagogía para el ejercicio del poder, con una verdadera emancipación capaz de impulsar procesos de participación reales y efectivos. No es sufi ciente la democracia representativa si esta misma no es a su vez participativa. La evaluación constante de las prácticas sindicales, así como una revisión autocrítica, es en este sentido fundamental.

Por ello la representación independiente de los trabajadores y trabajadoras dependerá en gran medida de la formación sindical para evitar que el movimiento sindical sea instrumento de los partidos políticos o de otros centros de poder.

 

La transversalidad de género

 

El concepto de género ha contribuido a desmitificar las relaciones sociales que históricamente legitiman tratamientos diferenciados entre las personas.

En el contexto sindical, el papel de las mujeres en sus estructuras tiene origen en el ejercicio del poder en una sociedad patriarcal donde ellas se incorporan asumiendo comportamientos extraños a su identidad formada en la vida privada. La identidad femenina tradicional, en ambientes de trabajo prevalentemente masculinos, se adapta y en algunos casos se vuelve similar a la de los hombres para participar en la estructura de poder. Para el movimiento sindical asumir la lucha por la igualdad implica recuperar el contenido genuinamente emancipador de su papel en la sociedad, y esforzarse en combatir una visión machista del trabajo que asimila el concepto de trabajo con el de empleo, y que sistemáticamente ignora el trabajo doméstico no remunerado, despreciando su contribución en términos económicos y sociales.

La formación sindical debe incorporar metodologías de trabajo y estrategias didácticas que faciliten este tipo de refl exiones a través de la reconstrucción de las identidades masculina y femenina en la sociedad latinoamericana haciendo hincapié en el sentimiento de solidaridad y de justicia social para transformar la cultura del trabajo y las relaciones de poder. Sin una estrategia de formación que incorpore la transversalidad de género en todas las materias se termina reproduciendo la ceguera de género, la intolerancia y la desigualdad en la sociedad. Si el movimiento sindical no es capaz de revertir las desigualdades entre trabajadores y trabajadoras en su propia organización, corre el riesgo de perder su papel en la sociedad.

La formación sindical debe monitorear el proceso para impedir dentro de las organizaciones sindicales que se repita la división típica del trabajo entre hombres y mujeres, evitando que el sindicato represente para las mujeres una extensión del trabajo doméstico o una reproducción de sus relaciones familiares discriminatorias y subordinadas. Un indicador evidente y que nos debe llevar a la reflexión es el número reducido de mujeres sindicalistas en las estructuras de poder que existen en los diferentes niveles.

 

Igualdad de oportunidades y concepto de discriminación

 

Las relaciones sociales son mucho más diversificadas y podemos decir que no existe un modelo único ni femenino ni masculino; en particular, si nos referimos a los ambientes urbanos industriales de las grandes metrópolis, donde la diversidad cultural es mucho más visible ya que las personas no siempre se comportan de la misma manera. El análisis de la igualdad de oportunidades exige la valoración de otras diferencias relevantes como la de raza, clase social, étnica, religiosa, etc. Casualmente, el Convenio sobre la discriminación (empleo y ocupación), 1958 (núm. 111), de la OIT defi ne la discriminación como cualquier distinción, exclusión o preferencia basada en la raza, color, sexo, religión, opinión política, extracción nacional u origen social.

A menudo, dependiendo de las relaciones sociales establecidas en el juego de los intereses de los agentes sociales, estas diferencias pueden transformarse en desigualdades que en algunos casos asumen mayor importancia que la diferencia de género y en otros casos la combinación de diferentes factores de discriminación hace más complejo su tratamiento. Siguiendo este mismo enfoque, la incorporación de los trabajadores migrantes en el movimiento sindical en una sociedad cosmopolita pone otros desafíos a la formación sindical con el fin que sus estrategias sean mucho más incluyentes y abarcadoras de las diferencias que trascienden las diferencias de género. Es necesario combatir las actitudes xenófobas que a veces se reproducen en el lenguaje sindical por el miedo a lo desconocido y por falsedades que se reproducen en el imaginario colectivo para aprovecharse de la vulnerabilidad de estas personas. El movimiento sindical debe prevenir y combatir estas actitudes a través de la formación sindical.

En cualquier caso la gestión de estos procesos de formación exige mucha atención y una revisión colectiva continua para evitar que la discriminación positiva y las medidas afirmativas a las que en muchos casos se recurre se transformen en otra fuente de desigualdad o en una fuente de tráfico de influencias. El objetivo de promover la igualdad a través de la formación sindical debe ser realizado con honestidad.

La metodología aplicada en la formación sindical debe promover la determinación de contenidos involucrando activamente a los participantes, y según el contexto del ambiente sindical debe promover acciones de formación que tengan como finalidad reconstruir las dinámicas del cotidiano social, cultural y político. Estos métodos favorecen la reconstrucción de identidades distorsionadas por modelos predominantes excluyentes y contrarios a los principios propios del movimiento sindical.

 

La ética y el pluralismo

 

El movimiento sindical precisa de personas íntegras, con profundo sentido de la crítica. Sólo así su praxis tendrá un contenido liberador. La formación sindical debe generar una actitud de compromiso ético frente a las exigencias de la realización del bien común. Esto también implica promover la conciencia política de los trabajadores y de las trabajadoras para estar en condiciones de juzgar y cuestionar su entorno histórico y las estructuras que aprisionan.

La formación sindical debe favorecer que el compromiso y la acción sindical se desarrollen en un marco ético, donde la transparencia, la fi scalización y la evaluación posibiliten la conducción de un ejercicio democrático y participativo de la gestión sindical. Asimismo, debe favorecer el proceso de unidad de la clase trabajadora y la articulación de estrategias de alianzas con otras organizaciones sociales y populares. Para ello será necesario generar un proceso de diálogo en un marco de pluralismo ideológico para posibilitar los consensos frente a problemas comunes que afectan a las grandes mayorías.

 

La CIOSL/ORIT, CLAT y las federaciones sindicales internacionales (FSI) en América Latina

 

La CIOSL/ORIT concibe la educación como un proceso formativo de carácter sociopolítico. De esta forma establece el vínculo estratégico entre la formación sindical, profesional y formal en los niveles nacional, subregional y continental bajo el eje «educación para todas y todos a lo largo de la vida». Así pone en el centro de su atención al trabajador y familia desde una perspectiva integral.

Este enfoque tiende a prevalecer en sus organizaciones sindicales afiliadas. Algo similar sucede con la CMT/CLAT y con las federaciones sindicales internacionales. De esta forma se busca la conformación de una propuesta de educación que vincula la construcción del conocimiento con el mundo del trabajo y los derechos de la ciudadanía.

Las organizaciones sindicales comprometidas con el desarrollo educativo hacen visibles las fuerzas económicas que tienden a colocar a la educación como una mercancía y no como un derecho humano, reivindican el papel ineludible que el Estado debe tener como garante de la educación obligatoria, pública, gratuita, laica, de calidad y a lo largo de toda la vida, así como la necesaria participación social en la defi nición de la política de educación.

En el ámbito sindical la cooperación y solidaridad sindical internacional han sido fundamentales desde el origen del movimiento sindical, pues han contribuido y contribuyen en todos los campos del quehacer sindical y sociopolítico. Así, por ejemplo, tenemos programas que promueven la conquista y el respeto de los derechos sindicales, laborales y de la seguridad social; la formación de formadores; la creación y funcionamiento de escuelas y centros de formación; la seguridad y salud; la vivienda; la prensa y comunicación sindical; el desarrollo cooperativo y otras formas de organización social del trabajo. Finalmente, la participación en la construcción de la dimensión social de la globalización, lo que finalmente se inscribe en la promoción del trabajo decente.

Es importante señalar que si bien esa cooperación y solidaridad se da fundamentalmente entre el norte y el sur, también se han desarrollando otras iniciativas sur-sur. Si bien un ámbito privilegiado ha sido el nacional, también tiene una presencia muy importante el apoyo a la formación de cuadros a través de acciones formativas, desde las binacionales hasta los intercontinentales.

La educación obrera es uno de los campos en donde de manera permanente y sistemática se expresa el principio del internacionalismo del movimiento sindical. La solidaridad de los movimientos sindicales alemán, belga, español, francés, holandés, italiano y nórdicos tiene un reconocimiento especial, así como los movimientos sindicales del Canadá y los Estados Unidos.

La cooperación para el desarrollo sindical se manifi esta de manera multilateral a través de las grandes centrales mundiales y sus regionales, a través del trabajo bilateral y más recientemente con apoyo de organizaciones no gubernamentales fraternales.

Otro logro significativo ha sido conseguido a través de fondos de la cooperación para el desarrollo por parte de los gobiernos, para canalizar el apoyo y el fortalecimiento de las organizaciones sindicales, para fortalecer su capacidad en el diálogo en las relaciones laborales, etc. Este logro ha sido alcanzado por las centrales sindicales de los países europeos, pero también del Canadá y los Estados Unidos. Algunas de esas centrales han creado entidades con fuertes lazos orgánicos, pero son independientes desde el punto de vista jurídico de las centrales para canalizar la cooperación para el desarrollo sindical.

Las organizaciones sindicales han jugado un papel primordial en la canalización de fondos para la educación obrera a través de la OIT, y de esta forma se han desarrollado programas de educación para el fortalecimiento sindical.

Si bien los fondos aportados a través de la cooperación y la solidaridad han sido importantes, no debe dejarse de lado el gran aporte histórico que ha signifi cado el intercambio de experiencias y el aporte técnico y político que ha signifi cado para el movimiento sindical en su conjunto. Todo ello ha redundado en una mayor sindicación internacional, cohesión, articulación, sentido de pertenencia y lucha conjunta.

El internacionalismo ya dijimos que es un principio histórico del movimiento sindical y hoy es una práctica renovada y en desarrollo permanente que permite articular lo mundial con lo local ante la internacionalización de los procesos productivos y la creciente interdependencia de los países.

 

Avances y desafíos

 

¿Qué avances y qué desafíos enfrenta la formación sindical en América Latina? Son dos preguntas que exigen un detallado análisis de la situación desde el ámbito local hasta el regional, tarea que no se pretende abordar en este breve espacio, pero sí resaltar algunos fenómenos que estimulen esa reflexión.

El primer lugar es necesario saber cuál es la prioridad que se da a la educación como parte de la vida sindical interna y externa. La respuesta a esta pregunta debiera llevarnos a dos planos de refl exión: uno político ideológico y otro objetivo operacional.

Para el primer plano retomaría la pregunta que la CIOSL/ORIT se ha hecho respecto a cuál es el desafío actual de la formación sindical en función del fortalecimiento de la organización y de su acción transformadora frente a la hegemonía del pensamiento dominante neoliberal y globalizador. A esta pregunta responde diciendo que la estrategia para la disputa de la hegemonía pasa por la construcción y socialización del pensamiento sociopolítico. En este proceso la formación sindical juega un papel estratégico para la orientación de las acciones de movilización y transformación social conducidas por el movimiento sindical y sus organizaciones. A lo anterior se agrega la importancia de la ampliación de la cobertura de los procesos de formación sindical. De esta forma queda claro que la educación tiene un lugar prominente en la política y en la práctica de la organización.

Así pues, esa misma pregunta tendría que hacerse con cada organización y con ello aproximarnos a conocer el nivel jerárquico que se le da a la formación sindical dentro de la política sindical. En el plano operacional podemos seleccionar algunos indicadores. Tales indicadores podrían ser: estructura, funciones y financiamiento.

Las organizaciones sindicales han establecido en sus estatutos la estructura educativa. Las que prevalecen son: una secretaría, un departamento que depende de una secretaría o un representante electo al que se asigna la función educativa. La primera de ellas denotaría una mayor jerarquía y prioridad. En varios países las organizaciones sindicales tienen una infraestructura educativa muy importante pues cuentan con institutos, escuelas, centros de educación técnica y superior, entre ellos podemos destacar los casos de la Argentina, Brasil y México. Asimismo, las organizaciones sindicales de varios países han establecido enlaces con las instituciones académicas y de investigación para apuntalar su acción educativa e incidir en los programas de extensión universitaria.

Por cuanto a las organizaciones sindicales regionales, la CLAT es la que dispone de una vasta red de instituciones entre las que están la Universidad de los Trabajadores de América Latina (UTAL), el Instituto Internacional de Estudios y Capacitación Social del Sur (INCASUR), el Instituto Andino de Estudios Sociales (INANDES), el Instituto Centroamericano de Estudios Sociales (ICAES), el Instituto de Formación Social del Caribe (INFOSCAR), el Centro Nacional de Promoción Social (CEMPROS), además del Instituto Latinoamericano de Cooperación y Desarrollo (ILACDE).

La CIOSL/ORIT ha desarrollado una escuela de pensamiento sociopolítico y conformado un colectivo continental integrado por miembros de los equipos de educación de las centrales nacionales afiliadas.

En el ámbito nacional los desafíos generales que observamos están referidos al nivel jerárquico y funcional. Para el primer caso, sería conveniente realzar al trabajo educativo dándole el rango de secretaría, pues de esa manera la interlocución, participación y coordinación con las demás autoridades sindicales sería en el mayor nivel ejecutivo, por una parte y por la otra, quedaría también en primera línea para rendir cuentas y elevar propuestas a los congresos sindicales nacionales.

Para el caso del funcionamiento, lo que se observa es que en un número importante de centrales nacionales la vinculación con las organizaciones afi liadas es precaria; por tanto, sería conveniente establecer un mecanismo de coordinación, en el cual pudieran por ejemplo salir recomendaciones sobre la política, estrategia y programación nacional de la educación. Dicho mecanismo sería, además, un excelente medio para socializar las experiencias sectoriales y locales exitosas. Esos mecanismos en algunos países se han establecido a través de conferencias nacionales, consejos consultivos u otras formas.

A nivel regional el desafío parece estar en encontrar la manera más adecuada de aprovechar las infraestructuras existentes y el desarrollo de las escuelas de pensamiento sindical generadas en la región. Ello podría mejorar dos factores relevantes como son el nivel de impacto o efectividad y la factibilidad económica. Este desafío podría ser resuelto con la nueva organización sindical regional derivada de la unidad sindical de la CMT y la CIOSL.

 

El financiamiento de la educación

 

Son excepcionales las organizaciones sindicales que tienen un autofinanciamiento total o parcial. La mayoría de las organizaciones se encuentran en una situación de dependencia financiera fundamentalmente de la cooperación y solidaridad internacional, bien en forma directa o a través del apoyo recibido por parte de ONG. Así pues, un claro desafío es el autofinanciamiento.

A lo largo del tiempo las organizaciones han buscado distintas opciones para alcanzar un nivel mayor de financiamiento de la educación, las más destacadas son aquellas en donde por ley se otorgan fondos para la formación de los trabajadores: en tal situación están el Brasil y Panamá por ejemplo; en otros países se ha logrado incluir partidas presupuestarias para la educación de los trabajadores que se asignan a las organizaciones sindicales, entre estos casos los de México y Chile; en otros casos a través de la negociación colectiva se logran algunas conquistas que permiten apoyar el fi nanciamiento de la educación.

No es compatible el discurso que coloca a la educación como una prioridad, con la falta de adjudicación de fondos y la falta de acciones permanentes y sistemáticas para dotarla de los recursos necesarios para su desarrollo.

Otro factor vinculado al financiamiento educativo es el relativo al tiempo y costo de la participación de las personas en las actividades de formación. En ese sentido es importante recordar que la OIT ha adoptado el Convenio sobre la licencia pagada de estudios, 1974 (núm. 140), y la Recomendación núm.148 15, y que sólo ocho países de las Américas han ratificado este Convenio. Un desafío importante es promover su ratificación por los demás países y lograr un nivel mayor de cumplimiento del mismo.

Una última consideración sobre el financiamiento y que debería ser discutida es sobre el reconocimiento de la educación sindical como parte indivisible de la educación a lo largo de la vida. Este reconocimiento, además de la connotación política que ello implica, podría allanar la vía para que el Estado pueda establecer algún mecanismo de apoyo al financiamiento de esa educación fundamental para el desarrollo social y la democracia.

«La pedagogía del oprimido deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de las personas en permanente liberación»