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La red de la Universidad Laboral Mundial: vinculando los sindicatos con las universidades

Los sindicatos deben forjar redes y alianzas para promover en el debate público las cuestiones que les preocupan. La cooperación entre los sindicatos y las universidades es vital para reforzar la investigación laboral y brindar a los sindicalistas programas de calificaciones de alto nivel. Dentro de este contexto, en este artículo se reflexiona sobre la experiencia de la Universidad Laboral Mundial en lo referente a crear una red de sindicatos mundiales, centrales sindicales nacionales, universidades, fundaciones laborales y la Oficina de Actividades para los Trabajadores para elaborar y llevar a la práctica un programa de maestrías internacionales sobre cuestiones laborales de interés mundial.

Frank Hoffer * Especialista en actividades para los trabajadores Oficina de Actividades para los Trabajadores OIT


 

Para conseguir que en el debate público se deje de marginar a la justicia y la equidad social es necesario, primero y principal, liberarse de una esclavitud intelectual incapaz de pensar en la mundialización sino como una oleada avasalladora de fuerzas de mercado no reglamentadas. El debate no siempre origina inmediatamente cambios políticos pero, en el sentido inverso, rara vez se producen cambios políticos sin un profundo trabajo preliminar de análisis, debate y reflexión crítica.

Desplazando el foco de atención del debate público

Es necesario civilizar el desenfrenado mercado mundial estipulando una reglamentación mundial. Esto exige un debate público mundial, campañas e iniciativas de la sociedad civil destinadas a defender y ampliar la idea de que son las personas quienes determinan las reglas de la sociedad y no los mercados. Si no se dispone de un marco normativo internacional, las opciones nacionales con las que podría reducir la competencia laboral se reemplazan con alternativas para adaptarse a una carrera hacia abajo.

La visión de justicia social y de una democracia significativa exige una dimensión social, ya que el escudarse en un aislamiento nacional no es una alternativa válida, ni siquiera para los países poderosos. Con el fin de promover reglas mundiales que todos puedan aceptar y una solidaridad mundial, los temas y la composición de estos debates deben ser internacionales.

Resulta inevitable que los intereses vayan haciéndose más variados, complejos y competitivos dentro de sociedades que están más diferenciadas internamente y dentro de una economía mundial estrechamente intervinculada, signada por enormes desigualdades y desequilibrios de poder. El movimiento sindical puede apoyarse cada vez menos en un núcleo formado por una clase trabajadora bastante homogénea y leal, con condiciones de trabajo similares, entornos sociales similares, valores similares y similares orientaciones políticas. La nostalgia por los tiempos idos – cuando había una amplia e unificada clase trabajadora – en primer lugar idealiza el pasado; en segundo lugar, hace caso omiso de las razones socioeconómicas y culturales que dieron lugar a estos cambios y, en tercer lugar, conduce al aislamiento y hace que merme la influencia.

El sindicalismo se mueve en un entorno donde intereses controvertidos están constantemente procurando influir en la opinión pública y dominarla. El poder y la razón son factores decisivos para dar forma a los debates y las decisiones. Que el poder pueda actuar de manera totalmente ajena a la razón es una excepción y los buenos argumentos raramente carecen de poder. No obstante, la experiencia cotidiana muestra que, lamentablemente, el poder muchas veces compra la razón. Los sindicatos no tienen esta última alternativa. Las empresas y la multitud de gabinetes estratégicos, fundaciones, académicos y medios informativos – patrocinados y por lo menos parcialmente controlados por los ricos y poderosos – los derrotan financieramente. Al carecer de poder fi nanciero y de poder de organización, el poder de la razón pasa a revestir mayor importancia.

Entablar debates y alianzas con otras agrupaciones de la sociedad civil, gabinetes estratégicos, instituciones académicas, etc., es parte de todas las estrategias con las que se busca tener peso en el debate público. Es poco probable que el sindicalismo solo pueda lograr los considerables cambios de políticas necesarios, pero éstos no pueden por cierto conseguirse sin la intervención del sindicalismo. Este papel fundamental del sindicalismo en cualquier alianza seria en pro del cambio crea el espacio necesario para enfocar tales procesos de diálogo de manera firme pero al mismo tiempo abierta. Históricamente, los cambios con los que se logró mayor democracia y justicia social se iniciaron partiendo de tales coaliciones «novedosas».

Para recuperar fuerza es necesario, entre otras cosas, contar con ideas atrayentes e innovadoras para moldear la mundialización; forjar redes internacionales productivas; tener un apoyo eficiente de los afiliados; disponer de una cultura organizativa acogedora y un diálogo interno abierto pero firme entre los miembros. Es necesario además que haya un diálogo externo con organizaciones de la sociedad civil, instituciones académicas, partidos políticos, etc.

Las cuestiones laborales, al menos en los países industrializados, tienen menor prominencia en el discurso académico que hace algunas décadas. En las universidades muchos «partidarios del sindicalismo» se están retirando. Las relaciones laborales se reemplazan en parte con las investigaciones que realizan las patronales y los departamentos de recursos humanos. El debate sobre la legislación laboral ha dejado de girar en torno a conseguir dignidad y respeto para los trabajadores para pasar a concentrarse en las rigideces del mercado laboral. A menudo se habla de la igualdad de ingresos ya no como un objetivo loable, sino como un obstáculo para crear mercados dinámicos y competitivos. Atrás quedaron los finales de los años sesenta, cuando estaba de moda entre los intelectuales la «solidaridad con el proletariado». En muchos países en desarrollo y países en transición, los políticos y los profesores universitarios estudian en instituciones occidentales favorables a las empresas, que promueven un modelo de desarrollo proclive a la ortodoxia liberal. A menudo, a su regreso a sus países de origen esas personas desempeñan un papel crucial, modelando no solamente la política de ese momento, sino también preparando la misma senda de pensamiento para las generaciones venideras. Los sindicatos ya no pueden asumir de la misma manera su compromiso con las causas del movimiento sindical. Tienen que desempeñar un papel mucho más proactivo, forjando alianzas y dialogando con la comunidad académica y las agrupaciones de la sociedad civil. Al igual que en las relaciones personales, la problemática consiste tanto en estar con un buen compañero como en encontrar el compañero adecuado. 

En el siglo XXI no se podrá crear la base de investigación y de conocimientos para ideas nuevas e innovadoras destinadas a promover las antiquísimas visiones de justicia social, libertad y solidaridad sin recurrir a la capacidad intelectual de las universidades y de las instituciones de investigación, donde se lleva a cabo actualmente el grueso de la investigación. Dentro de las universidades hay aliados que comparten la convicción de que se necesita una mejor gobernanza social mundial y que esto exige auténticos discursos mundiales sobre esas cuestiones. No obstante, no pueden convertirse en asociados sobre la base de la comprensión instrumental de la investigación que a veces prevalece en el movimiento sindical, donde se piden «evidencias» científicas únicamente para confirmar verdades ya bien conocidas.

La compleja realidad de la mundialización exige una amplia gama de calificaciones y de programas de formación para los sindicatos. La metodología, los grupos destinatarios y el contenido de dichos programas necesariamente difi eren. Por ejemplo, un programa destinado a desarrollar capacidad para instaurar disposiciones sobre salud y seguridad en los lugares de trabajo puede basarse más directamente en las experiencias de las bases de los participantes que un programa referente a las reglas del NAMA de la OMC o que trate sobre los riesgos y las causas que la volatilidad de los tipos de cambios implican para los salarios reales y el empleo.

La cooperación con universidades es uno de los elementos de una estrategia abarcadora de calificaciones. En muchos países, los cambios fundamentales del papel que desempeñan las universidades en la sociedad han tenido lugar hace cincuenta años. De ser instituciones elitistas, pasaron a ser universidades de masas que brindan educación superior a una buena parte de la generación más joven.

Aunque antes los sindicatos contrataban a su personal profesional casi siempre seleccionándolo entre los militantes sindicales de los lugares de trabajo, ahora se ven cada vez más en la necesidad de contratar personal que no solamente no tiene experiencia sindical, sino que, además, tiene un alto nivel de formación académica. Va aumentando la cantidad de afiliados, dirigentes, personal y educadores laborales que tienen diplomas universitarios, ya que el movimiento sindical necesita cada vez más contar también con personas que tengan calificaciones académicas. Esto crea asimismo la necesidad de que los sindicatos piensen qué tipo de programas académicos se necesitan para responder a sus necesidades.

 

Sumando experiencia: creación de una Universidad Laboral Mundial

 

Cuestionar el saber convencional, analizar los cambiantes lineamientos del trabajo y de la sociedad, forjar alianzas y tender puentes entre el sindicalismo y las instituciones académicas, como así también crear programas que brinden una formación académica a sindicalistas, son las fuerzas que mueven la construcción de una Universidad Laboral Mundial y la creación de redes sindicales mundiales de investigación.

Con respecto a la dimensión social de la mundialización, los sindicatos necesitan tener ideas y conceptos que abarquen un ámbito mucho más amplio que el de los lugares de trabajo e inclusive el de los Estados nación. Esto exige adquirir una forma distinta de poder de movilización, compartir información, generar conocimientos y llegar a tener capacidad de análisis. En cuanto a los movimientos democráticos, las respuestas a los cambios mundiales no se pueden encontrar en los contextos nacionales aislados.

Para que los sindicatos obren de manera eficiente dentro de las empresas internacionales e influyan en la acción normativa internacional es fundamental que comprendan la diversidad, que forjen una confianza mutua y que entablen intercambios y formas transfronterizas de cooperación. La investigación y el debate multidisciplinarios e internacionales son elementos importantes para lograr una mejor cooperación y comprensión de la situación.

Aunar los recursos y compartir los conocimientos se hace más fácilmente en redes estructuradas de manera amplia y horizontal. Las redes son efi cientes y valiosas para compartir los conocimientos y llevar a cabo discusiones y debates, pero, en cambio, no son adecuadas para la toma de decisiones. La mejor manera de destruir una red es tratar de controlarla desde un punto o procurar convertirla en instituciones que toman decisiones cuya legitimidad democrática es inevitablemente dudosa.

Sin embargo, muchas redes pierden impulso porque carecen de un moderador, un objetivo o un compromiso activo y reconocido. La mayoría de las personas están muy ocupadas y solamente efectúan contribuciones a una red cuando la misma está relacionada con proyectos o tareas específicas.

Al concentrar la red GLU su atención en la elaboración y puesta en práctica de un programa de maestrías sobre políticas laborales y mundialización se ha creado en distintas universidades una finalidad en común y se ha logrado un fuerte compromiso de las partes interesadas. Están aumentando las posibilidades, el potencial y la necesidad de establecer redes, intercambios y cooperación internacionales. No obstante, también siguen siendo enormes los obstáculos que hay que salvar. Los círculos empresariales, la falta de calificaciones lingüísticas, las diferencias culturales, los problemas financieros y los intereses competitivos dificultan la comunicación y cooperación directas.

La necesidad de reforzar la capacidad analítica de los sindicatos para comprender y hacer frente a los conocimientos existentes sobre la mundialización, de crear alianzas con la sociedad civil más amplia, de elaborar ideas alternativas para una mundialización justa e incluyente, y de construir redes sostenibles plantea desafíos adicionales en materia de investigación sindical, estudios laborales y educación obrera en un sentido amplio. Esto concierne al contenido, los instrumentos y la metodología de la cooperación. En el plano nacional, muchos sindicatos han establecido distintos acuerdos de cooperación con universidades a fin de reforzar sus bases de conocimientos y forjar alianzas con instituciones académicas que a menudo desempeñan un papel formador infl uyendo en la opinión pública.

En 2002 la OIT, en colaboración con la Agrupación Global Unions, fundaciones laborales, universidades y centrales sindicales nacionales, comenzó con una iniciativa destinada a formar una red similar entre sindicatos e instituciones académicas en el plano internacional. La idea de la Universidad Laboral Mundial (GLU) se planteó con el fin de facilitar el discurso, estimular la investigación y hacer programas de calificaciones de nivel universitario sobre las dimensiones políticas, económicas y sociales de la mundialización, teniendo como destinatarios a los expertos laborales y sindicales. Los objetivos inmediatos son:

 

a) trabajar con sindicatos y universidades para elaborar y aplicar nuevos programas universitarios destinados a ampliar el debate y la base de conocimientos sobre cuestiones relativas a trabajo y equidad;

b) brindar califi caciones a sindicalistas y otros expertos laborales interesados mediante programas universitarios de postgrado reconocidos internacionalmente, programas que traten sobre las dimensiones políticas, económicas y sociales de la mundialización desde una perspectiva laboral;

c) formar una red para llevar a cabo investigaciones conjuntas sobre cuestiones laborales mundiales, y

d) facilitar el discurso entre los sindicalistas y los investigadores con respecto a los desafíos de la mundialización.

 

La primera actividad de la red GLU – en su etapa piloto desde 2002 hasta 2005 – consistió en elaborar y llevar a cabo un curso piloto de maestría en Políticas Laborales y Mundialización, el cual tuvo lugar en las universidades de Kassel y Berlín (véase el cuadro). Un grupo internacional de académicos y sindicalistas elaboraron el programa de dicho curso durante los últimos tres años a través de una serie de seminarios. Expertos internacionales se sumaron al personal de ambas universidades para impartir el curso piloto. Sindicatos nacionales e internacionales participaron activamente brindando alojamiento a los estudiantes. En septiembre de 2005 un primer grupo de estudiantes de 18 países se graduó en ese curso piloto. El curso se fue modificando gracias a un proceso continuo de retroalimentación y evaluación llevado a cabo entre los estudiantes, las universidades y la red más amplia. En el curso que finalizó en septiembre de 2006 ya se había dado solución a muchos de los problemas iniciales.

Varios equipos internacionales están preparando manuales sobre gobernanza mundial, regímenes macroeconómicos y desarrollo, sindicatos y mundialización. La Conferencia anual de la GLU es una plataforma donde investigadores, sindicalistas y estudiantes de la GLU pueden debatir los desafíos mundiales que enfrenta el sindicalismo. Esas conferencias constituyen también ocasiones donde se pueden elaborar nuevas iniciativas de investigación conjunta. Lo discutido en la conferencia anual se publica periódicamente en anuarios de la GLU.

A partir de enero de 2007 la Universidad de Witwatersrand (Sudáfrica), en colaboración con la central sindical nacional COSATU, hará maestrías adicionales sobre políticas sindicales y mundialización dentro del marco de la Universidad Laboral Mundial. En 2008 se iniciará un tercer curso en la Universidad de Campinas (Brasil), en colaboración con la central sindical nacional CUT de ese país. En este curso se prestará especial atención a la economía del desarrollo y a las estrategias sindicales sobre las empresas transnacionales en los países en desarrollo.

 

Cuadro. Programa de maestría en Políticas Laborales y Mundialización
Cursos regulares Cursos optativos

R 1 Estrategias sindicales en una economía mundializada

R 2 Gobernanza de la mundialización

R 3 Las estrategias de las empresas multinacionales y los trabajadores

R 4 Política económica y estrategia sindical

R 5 Derechos sindicales y desarrollo sostenible

R 6 Desarrollo organizativo de los sindicatos

Seminario «Un único mundo»

Coloquio sobre las actuales políticas sindicales

E 1 Derechos de los trabajadores en la economía informal

E 2 Teorías sobre la justicia social

E 3 Política sindical internacional 

E 4 El género y la mundialización

E 5 Las migraciones y el mercado laboral mundial

E 6 Marco jurídico de la influencia sindical internacional Seminario «Un único mundo»

E 6 Marco jurídico de la influencia sindical internacional 

E 7 La mundialización y el Estado de bienestar

E 8 La privatización, desreglamentación y liberalización de los servicios

E 9 Historia del sindicalismo

E 10 Trabajo y sociedad

E 11 Economía del desarrollo

Pasantía de seis semanas en una organización sindical nacional o internacional

 

Seminarios internacionales regulares brindan la posibilidad de evaluar de manera conjunta las experiencias recopiladas durante el programa piloto. La ampliación de la GLU pasando a abarcar a dos universidades del Sur refuerza la cooperación entre Norte y Sur dentro de su ámbito y permite que los estudiantes hagan una parte de sus estudios en el Norte y otra en el Sur. Esto ayuda a superar algo del dominio del pensamiento centroeuropeo observado en el curso piloto.

En 2007 se inició en la Universidad de Kassel un colegio internacional sobre la dimensión social de la mundialización para estudiantes de medicina. La GLU se basa en la convicción de que para influir en el proceso de mundialización se necesita un esfuerzo continuo que no solamente comprenda actividades pedagógicas sino también una colaboración en el ámbito de la investigación.

En septiembre de 2007 se hizo la primera escuela de verano de alumnos de la GLU, con el fin de reforzar la red internacional y de elaborar nuevas ideas para la cooperación internacional y para áreas de investigación.

El proyecto de la Universidad Laboral Mundial consiguió:

 

acordar entre los muy variados asociados del proyecto la estructura y el contenido de los programas;

seleccionar a un grupo de sindicalistas y estudiantes para el curso altamente motivado, variado y equilibrado desde el punto de vista de género;

establecer una maestría certificada e internacionalmente reconocida sobre «Las políticas sindicales y la mundialización»;

iniciar nuevas formas de cooperación internacional entre sindicalistas y académicos;

iniciar investigaciones y elaboración conjuntas de manuales;

contribuir al debate internacional sobre cuestiones laborales mundiales,

calificar a expertos sindicales en el ámbito de cuestiones laborales mundiales.

 

Sin embargo, muchas cuestiones deben seguir debatiéndose. Más adelante se hace referencia de manera más pormenorizada a algunas de las cuestiones que se debaten constantemente. Se trata de la diversidad cultural, las barreras lingüísticas y el monolingüismo, la incorporación del género a todas las actividades, encontrar buenos postulantes y conservarlos dentro del movimiento, asignar prioridades a los recursos, ¿por qué un curso con residencia en la era de Internet?, un programa de maestrías reconocidas versus educación obrera, y de la educación para adultos versus educación universitaria.

 

La diversidad cultural

 

Reunir a personas procedentes de entornos culturales diferentes es la condición necesaria para poder experimentar y comprender la diversidad cultural. Este hecho brinda oportunidades únicas de aprender de los demás, de examinar los procesos de la mundialización desde distintas perspectivas y de debatir visiones y estrategias que sean mundialmente aceptables. No obstante, al reunir a personas de todo el mundo en un solo grupo no se consigue automáticamente una comprensión multicultural. Estar en un país extranjero, hacer frente a dobles barreras lingüísticas, comenzar o recomenzar estudios universitarios y trabajar dentro de un grupo de 18 nacionalidades es algo que crea un sentimiento de inseguridad, tensión y a veces una reacción inicial de retraimiento. En este proceso ayuda el hecho de que todos los participantes tienen algunos valores sindicales en común, pero compartir los mismos valores políticos no implica necesariamente que haya simpatías personales ni una solidaridad práctica. Las personas toman conciencia de sus diferencias culturales. No todos se hacen amigos y es necesario que haya una auténtica tolerancia, porque, una vez superada la ignorancia, la inseguridad o los prejuicios iniciales, las diferencias y las opiniones políticas distintas siguen existiendo. Los distintos países también suelen tener distintas culturas y tradiciones en materia de aprendizaje y sobre cómo interactuar en un aula. La inseguridad natural que se origina al tener que moverse en un nuevo entorno a veces origina más un retraimiento que una apertura. No obstante, en un escenario más amplio, predomina el sentido de pertenencia a los sindicatos, lo que ayuda a superar esas inseguridades. Se requiere una moderación proactiva para respaldar el proceso de estudio en común basado en la interacción, la participación y el apoyo mutuo. Esta diversidad cultural se convierte al mismo tiempo en una importante lección para comprender parte de la dinámica de la solidaridad y la acción internacionales, cosa que no puede darse por sentada y que exige un intenso proceso de comprensión y refl exión.

 

El idioma

 

El idioma es uno de los principales problemas. Quienes tienen que comunicarse en un idioma extranjero se enfrentan con un obstáculo adicional en los debates, y los anglófonos monolingües no siempre tienen sufi cientemente presente su «ventaja idiomática» y suelen dominar los debates «naturalmente». La capacidad más limitada de expresarse por escrito u oralmente de quienes no tienen el inglés como idioma materno hace que se sientan muy tensos. El hecho de que en Kassel y Berlín la mayoría de los nativos prefi eran hablar alemán es un desafío cultural y lingüístico adicional para los participantes del curso piloto. Por otra parte, esto también coloca a los anglófonos en la situación de desenvolverse en un idioma extranjero una vez que salen del aula.

Se ha discutido si la GLU debería o no impartir además cursos en otros idiomas. No obstante, esto crearía subgrupos donde las personas de habla árabe, castellana o rusa no entrarían en contacto con otros grupos lingüísticos. El inglés «chapurreado» es la lengua franca de nuestra era y quienes deseen participar en un debate mundial tienen que dominar ese idioma. Además, el sindicalismo necesita que haya más personas pertenecientes al mundo no anglófono a fin de ampliar el discurso mundial sobre las políticas laborales y la mundialización. La comprensión de los procesos de la mundialización y la búsqueda de respuestas políticas a los mismos se enriquecerá mucho cuando haya más sindicalistas del mundo no anglófono que aporten sus conocimientos al debate. Lo único bueno del problema lingüístico es que, mientras que durante un curso otros problemas pueden agudizarse, éste va disminuyendo con el correr del tiempo.

 

Incorporación del género a todas las actividades

 

El programa ha conseguido que haya una elevada participación de mujeres (más del 50 por ciento). Esto se logró alentando enérgicamente a las mujeres calificadas a presentar sus solicitudes y se salvaguardó mediante un cupo obligatorio de un mínimo de 40 por ciento de participación de mujeres. Conseguir un equilibrio de géneros entre el personal docente y el de la red internacional resultó más difícil. Esto se debe en parte a que, dentro de las instituciones académicas y también en muchos sindicatos, hay muy pocas mujeres en los cargos dirigentes. La red misma no tiene mucho control sobre las decisiones de los asociados de la red con respecto a quiénes representarán a las distintas organizaciones en las actividades de la red. Esto exige un constante esfuerzo para hacer tomar conciencia del problema a fin de que, en la práctica, en todos los niveles se mantenga un compromiso con la incorporación del género a todas las actividades.

Al concebir el programa, la incorporación del género a todas las actividades se consideró un aspecto clave del mismo. Además de un curso especial sobre género (optativo), en todos los cursos se debería incorporar la problemática del género, es decir, se deberían analizar sistemáticamente en ellos las diferencias de repercusión de las políticas en los hombres y las mujeres. En una red variada, esto puede hacerse a mediano plazo a través de procesos continuos de debate y reflexión.

 

La asignación de prioridades a los recursos

 

Nunca hay suficiente dinero para hacer todo lo que se debería. El desafío consiste en optar entre cuestiones importantes. El movimiento sindical debe hacer frente a una amplia gama de necesidades en materia de capacitación y calificaciones complementarias, desde seminarios básicos de sindicalización, formación de delegados y cursos para dirigentes hasta programas de nivel universitario. No obstante, en realidad, la complementariedad no se logra a través de un plan central, sino de un proceso de «ensayo y error». Las diversas instituciones llevan a cabo distintos programas para brindar califi caciones.

Con el correr del tiempo, los programas que perduran son los que los sindicalistas consideran valiosos. Algunos programas pueden perdurar durante cierto tiempo porque cuentan con fondos de donantes o porque forman parte de una institución que cuenta con buen fi nanciamiento, pero, a la larga, los programas que brindan calificaciones que no responden a una auténtica demanda terminan por no atraer participantes ni fondos de donantes.

La cuestión de los recursos no se refiere únicamente a los costos totales, sino también a las fuentes de financiamiento. ¿Depende totalmente la actividad de formación de las cotizaciones de los afiliados o a través de alianzas se puede movilizar una fuente más amplia de recursos? La GLU ha creado alianzas con universidades que permiten combinar los recursos de sindicatos, donantes, la OIT y universidades estatales. Tampoco hay necesidad de construir y mantener un edificio ni de contratar personal a tiempo completo ya que los cursos se llevan a cabo en universidades ya existentes. Gracias a esto, la GLU tiene un alto grado de flexibilidad y un bajísimo nivel de gastos fijos. Ha conseguido que diversas universidades concentren sus actividades docentes y de investigación en cuestiones laborales porque ese hecho abre caminos para una interesante interacción con sindicatos y con la OIT.

 

Encontrar buenos postulantes y conservarlos dentro del movimiento

 

¿Tendrán los sindicalistas comprometidos con su labor el tiempo y el dinero necesario para abandonar sus trabajos durante un año? ¿Les concederá su sindicato la posibilidad de hacerlo? Los funcionarios sindicales electos no pueden darse el lujo de ausentarse durante todo un año y a los dirigentes sindicales no les entusiasma la idea de que los buenos elementos de su personal se vayan por todo un año. Estos problemas hacen que a muchos sindicalistas que les interesaría asistir a los cursos les resulte difícil solicitarlo. No obstante, se recibieron muchas solicitudes para los cursos pilotos de los últimos tres años, lo que indica que la demanda existe.

El programa incluye varias salvaguardas a fin de procurar que presenten solicitudes las personas «adecuadas». Los participantes tienen que ser recomendados por sus propios sindicatos. Los solicitantes tienen que escribir un breve ensayo explicando las razones que los mueven a desear participar en el programa y especifi cando sus intereses en materia de investigación. Para los solicitantes de los países en desarrollo y de los países en transición, la GLU ha movilizado recursos para becas. Una beca para un programa está supeditada a que el sindicato u otro donante haga una contribución equivalente. Con esto se busca evitar las cartas de recomendación que sean más un favor para el solicitante que una verdadera recomendación.

Al solicitarse la aprobación del sindicato, en cierta medida se está aplicando un mecanismo de selección que excluye a solicitantes que no están de acuerdo con sus propios dirigentes. Eso da a las centrales sindicales un cierto poder de preselección. Sin embargo, el programa no solamente está destinado a desarrollar las calificaciones individuales de los sindicalistas sino también a crear capacidad organizativa. De allí que cualquier persona que presente una solicitud debe estar suficientemente arraigada en su organización, algo que se pone en evidencia con el respaldo que la organización le da a su solicitud.

Uno de los grandes desafíos y riesgos de un programa de calificaciones de este tipo es que las personas pierdan contacto con sus sindicatos y utilicen las calificaciones recientemente adquiridas para conseguir puestos de trabajo mejor remunerados fuera del movimiento sindical. Los sindicatos que recomiendan a personas pueden poner como condición para ello que la persona solicitante se comprometa a trabajar para el movimiento sindical por lo menos por una determinada cantidad de años una vez finalizado el curso. No obstante, es difícil hacer cumplir ese tipo de compromisos. Los sindicalistas libres y seguros de sí mismos siempre decidirán por sí mismos su propio futuro. Inclusive si las personas se van a otro trabajo, eso no necesariamente es malo para el movimiento sindical.

En lugar de procurar que las personas acaten este tipo de acuerdos, la mayor persuasión tiene que proceder de una concepción del programa que las motive a seguir trabajando en el movimiento. Estudiar con compañeros y compañeras de muchos otros países, disponer de tiempo para reflexionar sobre las políticas sindicales y tener nuevas ópticas sobre la economía (política) de la mundialización son factores que motivan y estimulan. Como parte integrante del curso se hace una pasantía dentro de una organización sindical. La misma permite que los estudiantes vivan una experiencia sindical práctica fuera de sus países de origen y también establece un nexo entre sus estudios académicos y algunas cuestiones sindicales prácticas «concretas».

Lo observado en los dos primeros cursos es que la mayoría de los participantes volvieron a las actividades sindicales o laborales a su regreso a casa. Además, la GLU está formando una red de alumnos, buscando alentar a los estudiantes a mantenerse en contacto y continuar trabajando juntos.

Más allá de la red interna, la GLU debe insertarse en redes informativas más amplias de actividades de investigación sindical y laboral. La OIT está respaldando una iniciativa del movimiento sindical internacional para crear una Red Sindical Mundial de Investigación (GURN). Esta red GURN (www.gurn.info) modera debates, investigaciones e intercambio de información sobre cuestiones laborales mundiales. Organiza seminarios y debates en línea, brinda respaldo a investigaciones y a través de una serie de páginas de Internet proporciona información actualizada sobre importantes cuestiones laborales de orden mundial. Se alienta a los estudiantes a adherirse a esta red, la cual brinda la oportunidad de establecer vínculos con un grupo más amplio de investigadores laborales. Es demasiado pronto para evaluar el éxito de la estrategia de integración de la red, pero la estimulación proactiva destinada a lograr una mayor cooperación se considera vital para reforzar el debate internacional y para conseguir conservar a los participantes de la GLU dentro de la órbita sindical más amplia.

 

¿Por qué un curso con residencia en la era de Internet?

 

Las nuevas tecnologías abren nuevas posibilidades para aprender por la vía electrónica y para establecer contactos que permiten llevar a cabo una educación a distancia con flexibilidad de horarios. En la era de las comunicaciones mundiales a distancia, un curso que implica residir en el lugar parecería ser muy anticuado. Las ventajas de la educación a distancia son evidentes. Las personas pueden elegir el momento en que acceden a ella y hacerlo además desde las computadoras de sus lugares de trabajo o de sus hogares. No tienen necesidad de ausentarse de sus lugares de trabajo y no interrumpen el contacto con sus comunidades ni con sus familias. Si bien esto tiene sus ventajas, debe sopesarse con relación a los beneficios de disponer de un verdadero año sabático que permite a los participantes alejarse del trabajo cotidiano y de la vida habitual y contemplar los desafíos mundiales que enfrenta el sindicalismo desde otra perspectiva. Este período durante el cual tiene lugar un proceso intensivo de aprendizaje y análisis fuera de la vida habitual es, al mismo tiempo, un excelente momento para efectuar reflexiones críticas y desarrollar pensamientos estratégicos sobre la realidad del país de origen y la manera en que esa realidad se inserta en el panorama más amplio de los sucesos mundiales. Una dinámica interesante de los cursos con residencia de la GLU es que algunas de las clases se llevan a cabo con estudiantes de otros cursos de las respectivas universidades, y que eso le da a los estudiantes de la GLU la posibilidad de ir más allá de la discusión entre sindicalistas y poner a prueba la validez de sus argumentos también con personas procedentes de otros entornos.

La educación a distancia también tiene sus propias limitaciones. Discutir detalladamente sus dificultades no es el cometido de este artículo. No obstante, parecería que en el proceso de aprendizaje cuenta mucho la interacción en un aula, cosa que no se logra fácilmente en una clase virtual. No debe tampoco subestimarse lo importantes que son los contactos personales para comprender otras culturas, discutir abiertamente y aprender de los demás. Además, vivir y estudiar juntos durante un año implica mucho más que contarse experiencias: pasa a ser un importante período donde se analizan críticamente y se ponen en tela de juicio evoluciones políticas de los sindicatos y de la sociedad en general y donde se buscan soluciones. Al mismo tiempo, en ese proceso se sientan las bases para la formación de importantes redes y relaciones entre los participantes de la GLU a fin de que cooperen en su trabajo sindical futuro.

Los programas de educación a distancia se basan más que nada en las comunicaciones escritas, lo que hace que las barreras de comunicación sean mayores, principalmente para quienes no tienen el inglés como lengua materna. Es necesario que los participantes hagan gala de mucha disciplina. Cabe agregar que con la educación a distancia no se reduce el tiempo de estudio necesario (quizás todo lo contrario), además de que es necesario que haya una supervisión individual muy intensiva. Para impartir un programa completo de maestría sería necesario, de todas maneras, que la persona obtuviera permiso de su trabajo o que el curso durara más tiempo.

La tecnología de la información brinda excelentes posibilidades de complementar el curso y las actividades de las redes. Se utiliza muchísimo para mantener la red, compartir información y material didáctico entre las universidades, como así también para formar una red de alumnos. Una página de Internet en común brinda información abarcadora sobre el proyecto para un público más amplio. Un sistema interno de comunicación permite que se comparta información dentro de la red. Los apuntes y las lecturas del curso, bibliografía, etc., se depositan en una plataforma común. Los estudiantes pueden compartir lo realizado en su curso, y los grupos de discusión por vía electrónica brindan la posibilidad de llevar a cabo debates entre grupos de estudiantes de distintas universidades. La plataforma electrónica también se está usando cada vez más para las comunicaciones entre ex estudiantes y proporciona buenos servicios para llevar a cabo actividades conjuntas de investigación. Uno de los desafíos de la GLU consiste en explorar otras posibilidades de educación a tiempo parcial o de educación a distancia. Desde el punto de vista práctico, se consideró que agregar la dimensión de la educación a distancia al desafío de crear la compleja red de la Universidad Laboral Mundial era tratar de abarcar demasiado al mismo tiempo.

 

Maestría reconocida versus educación obrera y educación de adultos versus enseñanza universitaria

 

Desde el comienzo del programa se debatió acaloradamente sobre si el curso debía ser un curso universitario oficial o un curso sindical.

Las barreras para el ingreso a la educación oficial que se yerguen ante muchos trabajadores y la falta de reconocimiento de las experiencias y de la enseñanza informal fueron factores importantes que hicieron que en la educación obrera se dejaran de lado las exigencias formales para el ingreso y los exámenes. La presunción subyacente es que para los programas de calificaciones sindicales las calificaciones formales no son criterios muy válidos y constituyen en cambio un elemento inherente de exclusión. Tampoco se las consideró un instrumento necesario para disciplinar y motivar ya que la motivación de los sindicalistas comprometidos no depende de las notas que obtienen, sino de su visión. Finalmente, el sindicalismo – por buenas o malas razones – desea tener pleno control político sobre el proceso de enseñanza.

No obstante, el hecho de que los niveles de la enseñanza oficial pueden exigir modificaciones no deseadas en los programas y en la metodología de un curso probablemente sea la razón más importante en contra de los cursos que tienen reconocimiento oficial. Eso da al docente mayor poder para determinar los calendarios y ejercer control, por lo que el resultado es que hay menos participación y democracia. También individualiza el proceso de aprendizaje ya que se evalúa a cada persona. El aprendizaje en grupos cerrados de sindicalistas con ideas afines crea un entorno que permite concentrarse en problemas desde una perspectiva sindical y, gracias a ello, el entorno de aprendizaje que se crea es menos competitivo.

Estos son argumentos válidos para mantener las formas tradicionales de la educación obrera. No obstante, también hay una serie de argumentos en pro de complementar «las calificaciones que se imparten internamente» con programas de altas calificaciones oficialmente reconocidos. Se pueden utilizar la experiencia y los conocimientos de las universidades y éstas son las que mejor están equipadas para impartir los conocimientos y las calificaciones analíticas académicas que permiten a las personas respaldar sus opiniones políticas con argumentos bien fundamentados y enfatizar conceptos teóricos. A través de programas conjuntos se motiva a las universidades a prestar mayor atención a las cuestiones laborales.

Aprender no siempre es divertido, sino que muchas veces es una ardua tarea. Los participantes quieren que se les reconozca su esfuerzo. Los certificados y el reconocimiento oficial constituyen una confirmación adicional del valor y de la calidad de un determinado curso. Los cursos reconocidos también pueden ser un importante trampolín para acceder a otros conocimientos y califi caciones. La integración en instituciones académicas más amplias puede ser más estimulante desde el punto de vista intelectual. La mayor necesidad de forjar alianzas exige que en los programas de califi caciones haya un entorno abierto a las discusiones y al debate.

La educación siempre ha sido un elemento central de la labor sindical destinada a elaborar, discutir y difundir nuevas ideas. El sindicalismo fue pionero en muchos conceptos de la educación para adultos. Fue uno de los primeros en descubrir y valorar la importancia de las experiencias de los estudiantes como fuentes de conocimiento. No hay un conjunto preestablecido de informaciones que el docente tiene que transferir a quienes da clase, sino que todos los participantes del proceso de aprendizaje aportan sus conocimientos, experiencias y opiniones. El cambio de una actitud consistente en ilustrar a los trabajadores hacia una en la que se modera el aprendizaje conjunto y mutuo hizo que se pasara de la noción parcialmente paternalista de educación de los trabajadores a la educación obrera, la formación sindical, la educación permanente, etc.

 

Conclusión

El ritmo al que avanza la mundialización se va acelerando y la necesidad de una solución en el plano mundial crece día a día. El notorio «caos de Washington» plantea una oportunidad de ampliar el debate sobre formas alternativas de mundialización. Para aprovechar esta oportunidad se necesitan redes mundiales sostenibles y movimientos internacionales como prototipos de una sociedad civil mundial. La Universidad Laboral Mundial está tratando de contribuir a este proceso concentrándose en la dimensión social y laboral de la mundialización, creando vínculos internacionales entre los círculos académicos y el movimiento sindical y brindando calificaciones a los sindicalistas en el ámbito de las cuestiones laborales mundiales.

Superar las barreras lingüísticas y culturales y respaldar una investigación y un entorno educativo abiertos pero basados en valores se considera una valiosa contribución conducente a un movimiento sindical moderno que procura influir en complejos y diferenciados procesos de mundialización.

El sindicalismo tiene un papel clave que desempeñar para lograr que la mundialización sea justa. A la larga, la amplia participación de los trabajadores y trabajadoras será la que marque una diferencia, la que determine si las ideas seguirán siendo solamente eso, ideas, o si las mismas cambiarán la realidad.