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Introducción

 

Actualmente, en esta economía globalizada, asistimos a una competencia importante, tanto a nivel de las empresas como entre los países y sus distintos procesos de integración. De modo paralelo, estamos frente a notables cambios en las prácticas laborales, hoy gobernadas por la flexibilidad en las tecnologías y en la fuerza de trabajo.

Este nuevo escenario muestra formas de empleo no tradicionales que representan un firme embate contra la “sociedad salarial”. La aparición de trabajos temporales, la extensión de los regímenes de subcontratación, el cambio en la distribución del tiempo de trabajo –en algunos países con extensión de la jornada laboral–, la difusión de la inseguridad en relación con la estabilidad en el empleo y un aumento en la carga de trabajo con predominancia de exposición a factores de riesgo organizacional son atributos del empleo actual.

Por otro lado, y conforme con los datos que brinda la OIT, la situación en materia de Salud y Seguridad en el Trabajo, en el mundo, no es la deseable. En efecto, según sus estudios,1 presentados durante el XVII Congreso Mundial de Seguridad y Salud en el Trabajo (Viena, 2002), los datos mundiales son, para 2001, los siguientes:

 

• muertes totales anuales relacionadas con el trabajo: 2.384.385;

• muertes anuales por enfermedades relacionadas con el trabajo: 2.033.135;

• muertes anuales relacionadas con accidentes: 351.251;

• accidentes con más de 3 días de ausencia (promedio de 2001) 268.059.671.

 

Ante estas cifras, es posible señalar que existen distintas herramientas que los trabajadores, empresarios y profesionales deberían considerar en la búsqueda de mejorar la situación actual y lograr que la prevención brinde los recursos necesarios para contar con puestos de trabajo sanos y seguros. Claro está que estas herramientas no resuelven per se los conflictos de una sociedad como la actual, que ha escogido la flexibilidad y la competitividad como nuevas musas de la economía, lo que ha dado como resultado la inestabilidad laboral.

Entre las posibles herramientas de mejora, hay tres que podrían tener, bien adoptadas, efectos valiosos en la práctica: a) la implantación de una cultura de la prevención, b) la puesta en marcha de buenos sistemas de gestión en materia de Salud y Seguridad en el Trabajo, y c) el compromiso de los servicios de prevención con códigos de buenas prácticas.

Este capítulo aspira a poner en consideración algunos conocimientos sobre la cultura de la prevención. En este sentido, se ha realizado una amplia búsqueda bibliográfica y una lectura crítica de los materiales, para extraer los elementos que alimenten la reflexión, la discusión extendida y el entusiasmo por la investigación y la praxis en esta materia.

Este capítulo está dividido en cinco secciones. En la presente sección se introduce el concepto de cultura de la prevención ubicando su origen, mostrando los complejos intentos de definición de su contenido y el sustrato ideológico de esas definiciones. También se analizan otros conceptos que suelen ser asimilados con el de cultura de la prevención –aunque no siempre apropiadamente–, como: clima de seguridad, concientización, conducta segura, entre otros.

La segunda sección se introduce en las características de la cultura de la prevención, analizando si es individual o grupal, si es única o múltiple y cómo influye sobre las percepciones del riesgo sobre las prácticas. También en esta sección, se puntualizan elementos claves de la cultura de la prevención y se identifican las características de los establecimientos que registran bajas tasas de accidentes. De esta forma, se ingresa en aspectos que habrá que considerar durante la adopción y la evaluación de una cultura de la seguridad.

La tercera sección presenta sintéticamente los elementos centrales de los diversos modelos y posiciones acerca de la cultura de la prevención; se expone para la reflexión una lista de hechos que se consideran característicos de una buena cultura de la seguridad, se comentan los modelos y se proponen elementos de utilidad para estructurar una cultura de la seguridad.

La cuarta sección se concentra en la valoración de los distintos medios utilizados en el intento de mejorar la prevención (modificación de las actitudes, modificación de las conductas, modificaciones estructurales, combinación de distintas medidas, intervenciones de base comunitaria y aspectos culturales de la seguridad). Luego prosigue analizando la utilidad de distintas prácticas para reducir las lesiones labores.

La última sección trata de develar si es posible medir la cultura de la prevención y la performance en Salud y Seguridad en el Trabajo. En realidad, a lo largo de todo el texto se proporcionan algunos argumentos para generar una respuesta, aunque en este punto se ha tratado de avanzar en forma más concreta. Serán los usuarios de este documento quienes finalmente indaguen, prueben y reflexionen sobre cuáles pueden ser los mejores indicadores para utilizar en cada caso; deberán validarlos y ver en qué medida es posible generalizarlos. Hasta el momento, los intentos han sido muchos y variados pero aún su validación y universalización, pese a contarse con insumos de importancia, no parece haberse alcanzado.