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Conclusiones

Al examinar la organización de las trabajadoras del hogar en la región, desde la visión de las protagonistas se constata que a pesar de ser un gremio muy disperso debido a sus condiciones de trabajo (extensas jornadas de trabajo, bajas remuneraciones, escasa condiciones de trabajo (extensas jornadas de trabajo, bajas remuneraciones, escasa cobertura de seguridad social y alto incumplimiento de normas laborales) y la indefensión en la protección de sus derechos, tienen una trayectoria organizativa muy importante en los diversos países de América Latina y el Caribe. Por ejemplo, según refieren las encuestadas, la primera organización fue creada en Argentina el año 1901 bajo la denominación de la Unión de Personal Auxiliar de Casas Particulares (UPACP), y el primer Sindicato Autónomo de Empleados de Casa Particular, fue constituido en Chile en el año 1929, al alero de la iglesia Católica. Posteriormente, se crean asociaciones y sindicatos con un carácter más independiente, algunas de las cuales se convirtieron más tarde en sindicatos. En Bolivia, por ejemplo, se creó en 1993 la Federación Nacional de Trabajadoras Asalariadas del Hogar (FENATRAHOB), que cuenta con 15 sindicatos y 3 organizaciones en el ámbito nacional. FENATRAHOB se afilió posteriormente a la Central Obrera Boliviana, pasando a formar parte del movimiento sindical boliviano.

La organización de las trabajadoras del hogar en la región se caracteriza por su valiosa historia de lucha y movilización desplegada por sus diferentes lideresas que con mucha fortaleza y esfuerzo han sabido sostener el gremio en los diferentes países y momentos. El mayor logro organizativo que han tenido en este proceso ha sido la constitución de la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar (CONLACTRAHO) fundada en 1983, que agrupa a 20 organizaciones afiliadas de 13 países. Dicha instancia ha permitido el desarrollo de alianzas estratégicas entre países y el intercambio regional. Actualmente, está presidida por la costarricense María del Carmen Cruz quién sostiene que la CONLACTRAHO es una organización “unitaria, pluralista, autónoma e impulsa, desarrolla y fortalece la lucha por reivindicar y mejorar las condiciones de vida de este sector de mujeres.”

Según refieren algunos estudios, hasta hace pocos años las trabajadoras del hogar en las Américas estaban excluidas del movimiento sindical, incluso de las sociedades de ayuda mutua compuesta sólo por mujeres. No obstante, en los últimos años se ha producido una creciente convergencia entre las organizaciones sindicales y de las trabajadoras del hogar en los diferentes países, en respuesta al creciente interés del movimiento sindical de acoger las reivindicaciones de los trabajadores de la economía informal, con un progresivo reconocimiento – por parte de los sindicatos – a las demandas de este sector.

El apoyo de las organizaciones sindicales de la región si bien no es nuevo. Sin embargo, se afianza con el proceso de impulso, organización y movilización para la posible adopción de un Convenio Internacional de Trabajadoras Domésticas. El 36% de encuestadas cuyas organizaciones están afiliadas a una central sindical del país, expresan un reconocimiento explícito al papel jugado por las organizaciones sindicales. Asimismo, destacan que la Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas (CSA), y en particular el Comité Continental de Mujeres de la CSA ha apoyado la organización de las trabajadoras del hogar en la región y ha instado a todos los sindicatos, de procurar el apoyo de sus gobiernos a fin de lograr la aprobación de un Convenio Internacional a favor de los y las trabajadoras del hogar.

Las encuestadas, manifiestan que la fuerte movilización de las organizaciones de trabajadoras del hogar y el apoyo recibido por parte de las organizaciones sindicales en los últimos años evidencio su máximo rendimiento en la adopción, por parte de la Conferencia Internacional del Trabajo, en junio 2011, del Convenio 189 y la Recomendación 201 sobre las trabajadoras y trabajadores domésticos. Asimismo, reconocen que alrededor de esta adopción se continuaron dando esfuerzos concertados de los actores sociales en diferentes países y momentos a fin de lograr la ratificación y aplicación del Convenio por parte de sus respectivos gobiernos.

En general, las organizaciones de trabajadoras del hogar en la región presentan escasa afiliación (sobre todo en los Países andinos y de Centroamérica y México), una débil participación y una limitada cotización (40% en Países del Cono Sur, 30% en Países andinos y 26% en Centroamérica y México). Asimismo, se caracterizan por su activismo y pragmatismo, otras han sobrevivido a pesar de las circunstancias adversas y algunas más aparecen con escaso nivel de representación e incidencia. Entre las razones que explican esta situación se encuentran las precarias condiciones de trabajo y el aislamiento en el que realizan su labor, las condiciones sociales y culturales, así como la propia situación de las trabajadoras del hogar. Todo ello, va a determinar en gran medida los niveles de conciencia y el comportamiento de las trabajadoras del hogar y a través de éstas de sus organizaciones.

La preponderancia de las mujeres (91%) en las organizaciones de trabajadoras del hogar de la región, se explica en parte por el reparto desigual del peso de las responsabilidades familiares no remuneradas. Según las encuestadas, el hecho de que las mujeres tiendan a emplear muchas más horas que los hombres reducen sus oportunidades respecto a la participación en el mercado de trabajo, el horario laboral y el lugar de trabajo. Es importante, destacar que en los últimos años se viene evidenciando la existencia de un mínimo porcentaje de hombres dentro de las organizaciones, así como la presencia de jóvenes y mujeres inmigrantes sobre todo en los Países del Cono Sur (43%) y con menor presencia en los Países andinos (30%) y en los Países de Centroamérica y México (26%). En la realidad esta cifra podría ser aún mayor, ya que frecuentemente las estadísticas no captan a las mujeres que trabajan por hora o por día, a las trabajadoras no registradas, a las migrantes indocumentadas o a las niñas que realizan trabajo infantil doméstico.

En general, las organizaciones de trabajadoras del hogar durante su existencia han desarrollado diversas líneas de acción, desde el conocimiento de sus derechos hasta una diversidad de temas relacionados con la autoestima, alfabetización, sindicalización, negociación, violencia y la formación en los temas de cuidado (infantil, personas enfermas y adultas mayores). Asimismo, brindan asesoría legal, psicológica, apoyo en la búsqueda de empleo y apoyo especial para personas inmigrantes. En algunos casos, las organizaciones de trabajadoras del hogar han creado sus propias escuelas de capacitación con el fin de lograr la profesionalización de sus afiliadas. Todas las organizaciones mencionan como una línea permanente la acción legislativa; destacando su rol en el desarrollo de propuestas legislativas que finalmente se han convertido en leyes de regulación del trabajo doméstico en cada uno de sus países, como por ejemplo Bolivia, Perú, entre otros.

Un campo valorado por las organizaciones de trabajadoras del hogar es la coordinación y el establecimiento de alianzas con una diversidad de organizaciones de iguales características, o con instituciones no gremiales (públicas y privadas) que se interesan por las trabajadoras del hogar. En el ámbito nacional señalan la existencia de una ligazón muy estrecha con instancias sindicales de nivel superior (centrales o confederaciones). En segundo lugar aparecen instituciones relacionadas con la defensa de los derechos laborales y los derechos de las mujeres, como es el caso de los Organismos No Gubernamentales; aunque con frecuencia esta relación sólo es a nivel dirigencial. En el ámbito internacional, los vínculos son menos frecuentes y sólidos; aunque la mayoría de las organizaciones mantienen relaciones de colaboración y trabajo con la CONLACTRAHO, la Red Internacional de Trabajadoras del Hogar, la Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas (CSA) y la Confederación Sindical Internacional (CSI). La OIT y ONU Mujeres son reconocidas por las encuestadas a raíz del apoyo que han recibido en los últimos años en el marco de las acciones por la ratificación del Convenio 189 de la OIT.

Respecto a la formalización laboral, se tiene que la mayoría de trabajadoras del hogar en América Latina y el Caribe trabajan en precarias condiciones de trabajo. Según los datos analizados entre el 76% - 100% de afiliadas pertenecientes a las organizaciones de trabajadoras del hogar analizadas no cuentan con una plena inclusión en los sistemas de seguridad social porque el acceso está condicionado a un trabajo formal y estable. Asimismo, más del 50% de las encuestadas señalan que el mismo porcentaje (76% - 100%) no cuentan con contratos escritos. Esta situación de informalidad y precariedad que enfrentan las trabajadoras del hogar se debe a diferentes razones: i) se realiza de forma aislada, sin contacto con otras trabajadoras como ellas y esto repercute en una limitada capacidad de organización, movilización y representación de necesidades e intereses, ii) muchas de sus demandas siguen siendo invisibles en las agendas públicas debido a la subvaloración de su trabajo, iii) existe una limitada sensibilidad frente al tema, socialmente no se percibe que en muchísimos casos este trabajo significa explotación, violación de diversos derechos, condiciones de alto riesgo y vulnerabilidad, y iv) las cifras existentes sobre el trabajo doméstico en las Américas son contradictorias, no reflejan la verdadera magnitud del problema.

Las organizaciones de trabajadoras del hogar en las Américas vienen realizando un conjunto de acciones para promover la formalización de sus afiliadas, desde proporcionar modelos de contrato donde se explicitan las horas de trabajo, hasta diversas campañas de sensibilización y concientización dirigida a funcionarios/ as, dirigencias sindicales, congresistas para promover su derecho a la salud y pensión de vejez. Pese a todos los esfuerzos desplegados, los resultados han sido muy limitados, ellas continúan teniendo una escasa participación en la seguridad social, debido a la desventajosa ubicación laboral que tienen y a la baja sindicalización que sigue condicionada a criterios socioculturales que marcan la desigualdad de género.

El análisis sobre la participación de las trabajadoras del hogar en los espacios de decisión de las centrales sindicales de la Región, evidencia que su poder no es proporcional a su participación y afiliación. En general hay una subrepresentación de este sector de trabajadoras a nivel de los Comités Ejecutivos de las organizaciones sindicales, debido a las siguientes razones: i) las estructuras, prácticas y procedimientos intra e inter-sindicales que limitan la presencia de las trabajadoras del hogar; ii) las precarias condiciones de trabajo; iii) los estereotipos y prejuicios culturales acerca de las trabajadoras del hogar; iv) la baja valoración del trabajo que realizan y la disposición de cambiarlo en cualquier momento; y, v) la desconexión que tienen con el mundo exterior y la deformante información que reciben; estas razones explican sus bajos niveles de conciencia y participación en los asuntos públicos.

Pese a las dificultades del sector, hay muchos ejemplos que muestran importantes logros y buenas prácticas en materia de organización, sindicalización y negociación colectiva de las trabajadoras del hogar (en Uruguay la ley aprobada en 2006 les permite negociar colectivamente; en Bolivia la FENATRAHOB ha sido la promotora del proyecto que finalmente se convirtió en Ley de regulación del Trabajo, en 2003, en Costa Rica ASTRADOMES, tuvo un rol muy importante en las discusiones previas a la aprobación de la nueva ley del servicio doméstico en 2009; las organizaciones de trabajadoras del hogar en Repúblicas Dominicana fueron muy activas en la campaña para promover la ratificación del Convenio 189). Estas experiencias tienen como principales protagonistas a las trabajadoras del hogar.

A nivel regional, se destaca la experiencia desarrollada por la CONLACTRAHO en alianza estratégica con la Unión Internacional de Trabajadores de la Alimentación (UITA) que desarrollo una Campaña Regional para informar y debatir sobre los temas a ser incorporados en el Convenio y preparar a las trabajadoras para participar en la Conferencia Internacional del Trabajo. También destaca como una buena práctica la Campaña 12X12 impulsada por la CSI/CSA a partir de la cual se promovió con mayor contundencia la ratificación; de esta manera las encuestadas reconocen que la labor de la CSA ha contribuido sustancialmente y continúa aportando una contribución destacada al reforzamiento del ‘movimiento de los/as trabajadores/as del hogar’, a movilizar actores y voluntades en todos los países de la Región.

A pesar de todos los esfuerzos realizados por las organizaciones de trabajadoras del hogar y las organizaciones sindicales de la Región, aún falta desarrollar estrategias y mecanismos organizativos efectivos tendientes a promover la ratificación (en los países que no lo han ratificado) y el cumplimiento del Convenio 189 de la OIT en los países que lo han ratificado. La información analizada nos reporta que la problemática de las trabajadoras del hogar no ha sido todavía asumida con todo el peso que debe tener; por ello es esencial que las organizaciones sindicales desarrollen un compromiso institucional mayor y estrategias más efectivas para incorporar a las trabajadoras del hogar en las actividades sindicales y en los espacios de decisión.

Una de las acciones prioritarias debe centrarse en el empoderamiento de las trabajadoras del hogar de la Región; así como en el fortalecimiento de su capacidad de organización y negociación para garantizar su autovaloración como mujeres trabajadoras, el respeto de sus derechos laborales y la mejora de sus condiciones de vida. Se debe prestar especial atención a las trabajadoras del hogar víctimas de violencia y maltrato (en el hogar y en el trabajo); así como desarrollar medidas especiales para garantizar el ejercicio de sus derechos sexuales y reproductivos.

Es importante reconocer y promover la organización de las trabajadoras del hogar bajo los principios de autonomía, justicia y libertad. Asimismo, se debe impulsar la formación de liderazgos con capacidad deconstructiva que significa deshacer, desmontar para asumir nuevos hábitos para disentir, resistir, rebelarse y transgredir; así como desarrollar su capacidad de aprender y representar sus propios intereses, teniendo capacidad argumentativa para la defensa propia y de su organización. Se requiere desarrollar con ellas liderazgos justos y eficientes, incluyentes y convocantes practicando una ética de convivencia y haciendo pactos políticos y éticos en el movimiento, distribuyendo con equidad recursos y poderes.

El reto de conseguir que las demandas de las trabajadoras del hogar estén visibles en la agenda sindical exige una voluntad y reflexión honesta y crítica en el seno de las centrales y/o confederaciones sindicales en cada uno de los países de la Región, situando esta cuestión entre sus prioridades y considerándola como un asunto de todos y todas, y no sólo un asunto de mujeres. Requiere apertura y flexibilidad para poner en cuestión modelos de liderazgos que deben ser superados y la voluntad política interna para renovar y enriquecer las estructuras sindicales promoviendo el liderazgo y empoderamiento de las trabajadoras del hogar.

Es necesario adoptar políticas públicas a favor de las trabajadoras del hogar, para lo cual es muy importante establecer un vínculo más cercano con las propias organizaciones de trabajadoras del hogar. Un aspecto que no se debe perder de vista es el impulso de cambios culturales sobre la subvaloración del trabajo doméstico, el mismo que requiere poner en cuestión la división sexual del trabajo que es la causa de la discriminación de las mujeres en la sociedad. Asimismo, se deben proporcionar servicios adicionales para atender las necesidades de esparcimiento, información, asesoramiento en aspectos legales, psicológicos y económicos, crédito y vivienda, centros de atención y acompañamiento para los/as hijos/as. Afianzar el liderazgo y empoderamiento de las trabajadoras del hogar debe ser un asunto prioritario en las agendas públicas y sindicales.

Los vínculos y relaciones establecidas entre las organizaciones de trabajadoras del hogar y diferentes actores e instituciones en el ámbito nacional e internacional, deben ser fortalecidas y ampliadas, mejorando los niveles de coordinación en el trabajo y que cada una amplíen sus esfuerzos para facilitar la discusión y acción conjunta con los gobiernos nacionales y las organizaciones de la sociedad civil. No se debe perder de vista el fortalecimiento de las alianzas con el ámbito legislativo, ejecutivo, así como con los diferentes medios de comunicación, las instancias de justicia y de formación profesional.

Los sindicatos en cada uno de los países de la región, son necesarios para el proceso de seguimiento, monitoreo, incidencia y sobre todo para movilizar actores y voluntades políticas a favor de las trabajadoras del hogar. El rol que juega la CSA y en particular su Comité Continental de Mujeres es trascendental para continuar impulsando la ratificación del Convenio 189 y en los países que ya lo han ratificado garantizar que los Estados adopten medidas orientadas a respetar, promover y hacer realidad los principios y derechos fundamentales en el trabajo (libertad de asociación y la libertad sindical y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva).