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Capítulo 1. Marco de referencias sobre el trabajo doméstico remunerado

La Oficina Internacional del Trabajo (OIT) refiere que “El trabajo doméstico es una de las ocupaciones más antiguas y más importantes para millones de mujeres del mundo entero, está vinculado a la historia mundial de la esclavitud, el colonialismo y otras formas de servidumbre.

En sus manifestaciones contemporáneas, es un fenómeno mundial que perpetúa las jerarquías basadas en la raza, el origen étnico, la pertenencia a un grupo autóctono, la casta y la nacionalidad”1 .

En los dos últimos decenios se ha registrado una creciente demanda de este tipo de trabajo en todas partes del mundo, tendencia que se ha acentuado con la incorporación masiva de las mujeres a la fuerza laboral, el envejecimiento de las sociedades, la intensificación del trabajo y la insuficiencia o carencia de pautas de actuación para facilitar la conciliación de la vida familiar con la vida laboral y la reducción de la prestación de los servicios de ayuda doméstica por el Estado2 .

Hasta hace muy poco no existía un consenso para el empleo de conceptos referentes a esta ocupación ni tampoco una definición universalmente aceptada del “trabajo doméstico”. Existía un conjunto de acepciones, tales como “trabajo doméstico”, “servicio doméstico”, “prestación de cuidados domésticos”, “trabajadoras del hogar”, “asistentes” o “ayudantes del hogar”, los mismos que han ido cambiando sustancialmente con el tiempo y en función del contexto geográfico y cultural3 .

A partir de la adopción del Convenio 189 de la OIT el trabajo doméstico es definido como “el trabajo realizado para o dentro de un hogar o varios hogares”. Este trabajo puede incluir tareas como limpiar la casa, cocinar, lavar y planchar la ropa, el cuidado de los/as niños/as, adultos/ as mayores o enfermos/as de una familia, jardinería, vigilancia de la casa, desempeñarse como chofer de la familia, e incluso cuidando los animales domésticos.

En este estudio se utiliza la terminología de trabajo doméstico remunerado (TDR), en tanto se recalca el hecho de que se trata de trabajadoras que deben estar protegidas por todas las normas que las amparan, situación que no ocurre con frecuencia. Según refiere Magdalena León, este término permite “identificar y criticar la subvaloración que lleva a la invisibilidad y evidenciar que es un trabajo remunerado que está mediado por una relación laboral en la que existe la figura del salario”. Además enfatiza que “con las palabras trabajo y doméstico se quiere dejar claro que es un trabajo y no un servicio y que es esencial para la reproducción social”4 . Cabe indicar que muy a menudo utilizaremos la palabra trabajadoras puesto que una gran mayoría de la mano de obra del TDR es femenina.

En América Latina el TDR es una actividad desarrollada casi exclusivamente por mujeres, que hereda socialmente la subestimación del trabajo doméstico de las amas de casa, que es considerado como un trabajo “no cualificado”, como un servicio prestado al cónyuge, hijos/as y otros miembros de la familia y que se ejerce sin remuneración. Esta es la expresión más clara de la subvaloración económica que acompaña al TDR. Al respecto, la CEPAL indica que “la discriminación contra la mujer empleada doméstica es causa y resultado de la discriminación contra las mujeres”5.

A pesar de que las trabajadoras del hogar desarrollan un trabajo que es fundamental para la sociedad, muy frecuentemente lo realizan al margen de la protección que otorga la relación laboral, sin cobertura de seguridad social y con desprotección frente a riesgos como la salud, la vejez, la enfermedad y la cesantía, lo que determina un importante grado de vulnerabilidad.

Además, el TDR se ubica como el segmento de empleo que cuenta con los niveles más bajos de remuneración, superan levemente la línea de pobreza per cápita, con lo que estas trabajadoras se sitúan en los niveles más bajos de la escala de remuneraciones6 , mostrando además una peor calidad del empleo.

A esta situación de precariedad y discriminación se suman sus bajos niveles de conciencia y participación en los asuntos públicos, de organización y representación, debido al aislamiento en el que realizan su actividad, lo que repercute en una falta de poder de negociación para mejorar las condiciones de trabajo7.

 

1 OIT: Trabajo decente para los trabajadores domésticos. Conferencia Internacional del Trabajo 99va. reunión 2010. Ginebra, 2009, p. 5.

2 Ibíd., p. 1-5.

3 Ibíd., p. 17.

4 León, M.: “Invisibilidad y discriminación del Trabajo Doméstico Remunerado en América Latina”. En: Cotidiano Mujer AFM/OXFAM. Serie Derechos Laborales, p. 7.

5 CEPAL: “Aporte de las mujeres a la igualdad en América en América Latina y el Caribe”. X Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, Quito, 6 al 9 de agosto, 2007, LC/L.2738. (CRM.10/3). P. 71.

6 Loyo, M.; Velásquez, M.: “Aspectos Jurídicos y Económicos del trabajo doméstico remunerado en América Latina”. En: Valenzuela, M.E. y Mora C. (editoras). OIT, Santiago, 2009, p. 68.

7 Valenzuela, M.E.; Rangel M.: “Las trabajadoras domésticas sufren los mayores déficit de trabajo decente en América Latina”. En: OIT/Educación obrera 2007/3-4, Ginebra, 2007, p. 67.

 

En suma, se advierte un déficit de trabajo decente para las trabajadoras del hogar en América Latina y el Caribe, expresadas en las brechas de empleo, derechos, protección social y representación. A continuación se desarrolla cada una de estas brechas.

 

El TDR concentra a un significativo número de mujeres

 

Desde el punto de vista numérico, el TDR constituye la principal fuente de empleo para las mujeres latinoamericanas, ellas ocupan un porcentaje significativo del total de la Población Económicamente Activa. Según Panorama Laboral 2012 de la OIT, se estima que hay entre 17 y 19 millones de trabajadoras del hogar desempeñándose en un hogar privado, que representa alrededor del 7% de ocupación urbana regional. Esta cifra podría ser mayor si las estadísticas captarán a las trabajadoras del hogar que trabajan por día o por hora, a las trabajadoras no registradas, a las migrantes indocumentadas y a las niñas que realizan trabajo infantil doméstico. Existe bastante consenso sobre la frecuente subestimación de la magnitud del trabajo doméstico.

También se observa que el TDR constituye un fenómeno predominantemente femenino y urbano. Las mujeres son alrededor de 95% de las trabajadoras del hogar en América Latina y el Caribe. Esta es, no solo una ocupación básicamente femenina, sino que, además, desde el punto de vista cuantitativo es el más importante de la región: 15.3% de las mujeres ocupadas se desempeñan como trabajadoras del hogar.

Sin embargo, este promedio oculta importantes diferencias nacionales. Durante el 2011, se observa que hay países donde es un contingente significativo, como ocurre en los casos de Argentina, Brasil, Costa Rica y Paraguay, donde superan el 15% de las mujeres ocupadas. En un segundo grupo, integrado por Chile, Panamá, República Dominicana y Uruguay, se observa que la proporción es menor y se sitúa entre 10 y 15%. En el tercer grupo, integrado por Colombia, Ecuador, el Salvador, Honduras, México y Perú, este segmento es entre 7% y 10% de las mujeres ocupadas. El país latinoamericano con una menor proporción de mujeres ocupadas en el TDR es la República Bolivariana de Venezuela (3%)8 .

 

 

Esta actividad ocupacional se caracteriza por un predominio de las mujeres respecto a sus pares varones. Esta incidencia femenina está relacionada por un lado, con la desigualdad de acceso a la educación y a empleos de calidad entre hombres y mujeres del mismo estrato socio-económico y, por otro lado, a la desigualdad entre mujeres de diferentes clases sociales. En muchos casos se añade una dimensión generacional (cuando niñas con bajas remuneraciones realizan este trabajo)9 y una dimensión étnica/racial con la presencia de mujeres indígenas y afro descendientes que suelen ser un número significativo.

El hecho de que se entrecruzan varias ecuaciones (género, clase social, etnicidad, raza, nacionalidad, educación, edad, idioma, etc.) en el TDR da lugar a que muchas trabajadoras del hogar se encuentren frente a discriminaciones acumuladas,10 configurando en conjunto un escenario con amplia variedad de riesgos específicos.

Diversos estudios realizados en la región han confirmado que en el mercado de trabajo coexisten las trabajadoras que se desplazan diariamente de sus hogares a trabajar para otra familia (trabajadoras puertas afuera, cama afuera, no residente, por horas) y las trabajadoras que residen dentro de la vivienda de sus empleadores (trabajadoras puertas adentro, cama adentro, residente)11. Estas últimas presentan problemas más agudos relacionados con las precarias condiciones de trabajo (el contrato y los salarios de trabajo; el volumen de trabajo y los períodos de descanso; las agresiones físicas y sexuales; los abusos de las agencias de contratación y la escasa cobertura de la seguridad social) además de relaciones sociales más atrasadas y con más elementos serviles12.

Por otro lado, los estudios indican que el TDR es la puerta de entrada al mercado laboral para las mujeres con menor nivel de educación que se encuentran en situación de pobreza y de mayor exclusión social. Pese a que el aporte de este sector de trabajadoras constituye un componente importante en el ingreso de las familias más pobres, sus ingresos son significativamente inferiores a los del promedio de ocupados y al de las mujeres ocupadas en cualquier otra categoría ocupacional.13 Así la brecha salarial intragénero es evidente. Al respecto la CEPAL indica que las trabajadoras del hogar ganan en promedio el equivalente al 40% del salario de las mujeres ocupadas en otros trabajos14.

El trabajo doméstico representa también a un número alto de mujeres adolescentes provenientes generalmente de familias de origen rural que se encuentran en situación de pobreza. El empleo doméstico representa 9,7% de la ocupación de las mujeres entre 14 y 24 años en la región y es una fuente de ocupación muy importante para las jóvenes en Paraguay y en menor medida en El Salvador.15 Muchas mujeres se vinculan al trabajo desde edades muy tempranas, quedando excluidas de la educación y la protección de sus derechos.

Se estima que en América Latina y el Caribe existen más de dos millones de niños/as y, de éstos/as casi 90% son niñas menores de 14 años (OIT, 2004) insertas en el TDR.16 Sin embargo, es necesario advertir acerca de la subestimación en la información que existe por no ser declarada por los empleadores o quedar subsumido en otras categorías como trabajo familiar no remunerado, ayudante familiar sin remuneración o trabajador/a por cuenta propia.

El trabajo infantil doméstico es el más invisible y compromete seriamente sus derechos a la educación, la salud, el uso creativo del tiempo libre y el desarrollo personal de niños y niñas. Es una de las formas más comunes y tradicionales del trabajo infantil. Los niños y especialmente las niñas trabajadoras del hogar se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad, además de ser las más explotadas.

El TDR es ejercido también por mujeres indígenas y afro descendientes quiénes están sobre representadas en este sector. Por ejemplo, en Ecuador, un 12,7% de las mujeres indígenas, mestizas y negras están ocupadas en el servicio doméstico a diferencia del 2,4% de las mujeres blancas. Muchas mujeres indígenas en las zonas urbanas se vinculan especialmente a trabajos dentro del servicio doméstico porque enfrentan mayores dificultades para integrarse al mercado laboral debido a su poco manejo del bilingüismo y a la falta de instrucción escolar17.

 

8 BI., p. 60.

9 Rogers, J.: “Cambios en el servicio doméstico en América Latina”. En Valenzuela, M.E y Mora, C. (editoras). OIT, Santiago, 2009, p. 79.

10 Ibíd., p. 96.

11 Según Magdalena León, la modalidad de trabajadora cama adentro (predominante en sus inicios) ha ido cambiando con el paso del tiempo a la modalidad de trabajadoras por día. Esta transformación tiene que ver con los diversos factores: el paso de la familia extensa a la nuclear y a la monoparental, la reducción de las tasas de fecundidad, el deterioro de los salarios de la clase media que no permite la contratación de este servicio y el diseño de vivienda de casa a departamento, con tendencia a espacios cada vez menores.

12 León, M.: Op. cit. p. 10.

13 Valenzuela, M.E y Rangel M.: Op. Cit. p. 70.

14 CEPAL: Op. cit. p. 81.

15 OIT: Op, cit. p. 62.

16 OIT: “Erradicar el trabajo Infantil doméstico”. Notas OIT 3, Santiago, 2011, p. 1.

17 Garcés, Alicia: “Participación política y liderazgos de las mujeres en América Latina: Estudio del Arte”. PNUD, 2012, México, p. 20


El marco normativo concede menos derechos a las trabajadoras del hogar

 

Durante el siglo XX, la mayoría de países de América Latina y el Caribe regularon progresivamente el TDR, que está clasificado como un régimen laboral especial y se rige por marcos normativos que diferencian a las trabajadoras del hogar del resto de los trabajadores asalariados. Algunos países tienen legislaciones específicas para el trabajo doméstico y otras lo integran en el Código de Trabajo o en la Ley General del Trabajo.

Por otro lado, pese a que la mayor parte de las legislaciones de los países de la región contemplan la obligación de celebrar un contrato de trabajo por escrito, como una forma de resguardar los derechos de los trabajadores y trabajadoras, esta disposición es muy flexible cuando se trata de las trabajadoras del hogar. En muchas legislaciones se establece que el contrato es exigible siempre y cuando supere un cierto periodo de tiempo. En otros casos se indica una duración mayor a un año. En otros países se específica que el contrato sea escrito o verbal. Y en otros, la ley no prevé un marco jurídico especial para la formalización del contrato.

La jornada de trabajo de ocho horas -que rige al conjunto de trabajadores y trabajadoras en América Latina y el Caribe- no se hace exigible al TDR. Son pocos los países como Brasil, Bolivia, Costa Rica, Perú y Uruguay que fijan una jornada diaria de ocho horas, aunque con frecuencia no se hace efectiva porque en la mayoría de los países trabajan en jornadas muy largas, superiores a las 48 horas a la semana. En muchos casos la jornada laboral se extiende más allá, incluso de lo pactado, y no tiene una definición clara de inicio y final, con descansos semanales cortos y/o irregulares. Del mismo modo, los feriados en la mayoría de los países no son considerados para las trabajadoras del hogar18.

Respecto a las remuneraciones, las trabajadoras del hogar ocupan uno de los grados más bajos en la escala de las remuneraciones en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe y están siempre por debajo del ingreso promedio del total de los trabajadores. Esta brecha es mayor en los países en que la fuerza de trabajo tiene un mayor nivel de instrucción (por ejemplo Argentina, Brasil y Costa Rica), donde la remuneración alcanza alrededor de un tercio en comparación con el promedio total de ocupaciones. En los países con mayor incidencia de pobreza la brecha es menor (entre un 60.9%, en Ecuador y 70,4%, en Perú), pero los salarios son también más bajos19. En la mayoría de los países se ha ido incorporando progresivamente la idea de proteger la remuneración de las trabajadoras del hogar. No obstante una práctica común es el descuento para cubrir gastos de alimentación, viviendo e higiene, es decir el pago en especies20. Con excepción a Costa Rica, Uruguay y Bolivia los países no tienen determinado una remuneración por concepto de horas extraordinarias o del trabajo nocturno realizado por las trabajadoras del hogar21.

Muchas leyes de los países de la región tienden a incluir normas respecto al descanso semanal, feriados, vacaciones, licencias por enfermedad y maternidad22. Sin embargo, éstas no están al alcance de las trabajadoras del hogar enfrentándolas a un trato desigual en materia de derechos laborales. De esta manera, en la mayoría de veces no cuentan con el derecho a pago de horas extraordinarias, aportes monetarios de cualquier naturaleza como bonos de vacaciones, salarios adicionales por navidad, aguinaldo u otras formas de pago extras previstos en las legislaciones nacionales. En algunos casos, los días de vacaciones pagados son inferiores al resto de los asalariados23.

 

18 OIT: “Una jornada de trabajo decente para las trabajadoras domésticas remuneradas”. Notas OIT 5, Santiago, p. 2.

19 OIT: “Salarios dignos para las trabajadoras del hogar”. Notas OIT 2, Santiago, p. 3.

20 OIT: Op. Cit. p. 64.

21 OIT: Op. Cit. p. 3.

22 “Las trabajadoras del hogar gozan de un limitado acceso a la protección y a las medidas que aseguran un embarazo y un parto seguros, ingresos de sustitución mientras están de licencia, y el derecho a reincorporarse a su trabajo. Un 36% de trabajadoras del hogar en e mundo carecen del derecho legal a licencia de maternidad”. En: “Trabajo decente para las trabajadoras domésticas”. Informe (IV (I), 99 reunión de la CIT, OIT, Ginebra, 2010.

23 OIT: Op. Cit. p. 3

 

Es importante señalar que las trabajadoras del hogar que trabajan con frecuencia por día o por hora no logran completar su jornada semanal o mensual, por lo que sus ingresos totales resultan insuficientes. Asimismo, no tienen ninguna posibilidad de contar con descanso semanal, feriados, vacaciones, licencias por enfermedad y maternidad.

A esto se suma el alto incumplimiento de la normativa vigente, lo que agrava la situación de vulneración de sus derechos, pues es marcadamente insuficiente la supervisión en el cumplimiento de los sistemas de fiscalización que no ha resultado eficiente para canalizar esta problemática, ya sea por la limitada formación del personal encargado de estas tareas o los escasos recursos destinados para esta labor.

 

Las trabajadoras del hogar muestran los niveles más bajos de protección social

 

La protección social descansa en una amplia gama de mecanismos colectivos de protección y de seguro de los que generalmente se ha venido excluyendo a las trabajadoras del hogar. En la región, hay distintas modalidades de seguridad social, pero en todas ellas el acceso está condicionado a un trabajo formal y estable, por largos períodos de tiempo – y un mínimo de densidad previsional – o a determinados requisitos de vulnerabilidad social. Para las trabajadoras del hogar estos criterios son muchas veces excluyentes, pues su ocupación tiene altos grados de informalidad, bajos salarios y gran inestabilidad en el empleo24.

En la mayoría de los países de la región, el grado de protección social para las trabajadoras del hogar es siempre mucho menor que el resto de la población asalariada. El promedio regional de trabajadoras del hogar que cotiza a la seguridad social es apenas un tercio. Según Panorama Laboral de la OIT, la protección en salud y pensiones de la población asalariada en la región para el año 2011 casi triplica (81,9%) la reportada por las trabajadoras del hogar (33,8%).

En la región, el trabajo doméstico remunerado en términos de protección social se desarrolla en tres escenarios alternativos (vinculados con las leyes especiales para el trabajo doméstico, la remisión al sistema general del país o la omisión de cobertura legal). Argentina y Nicaragua son los países de la región que contemplan una legislación especial para las trabajadoras del hogar en materia de pensiones; mientras que los países de Bolivia, Brasil, Perú, Honduras, Chile, Uruguay, México y Costa Rica remiten la competencia de seguridad social al régimen general aplicable a la población asalariada. Los países sin mandato legal en materia de pensiones son: Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Venezuela.

En materia de salud sólo Nicaragua tiene una ley especial. Argentina, Bolivia, Brasil, Chile (accidentes de trabajo y enfermedades profesionales), México Paraguay, Costa Rica y Perú, remiten al sistema general del país; mientras que Ecuador y Colombia.

En algunos países de América Latina y el Caribe (por ejemplo, en Brasil - opcional - Chile, México y Uruguay) las trabajadoras del hogar cuentan con seguro de cesantía. Por otra parte, un número considerable de países establecen la obligación de preaviso y el pago de indemnización en caso de despidos. Y en unos pocos, las trabajadoras están cubiertas por la Ley General de Accidentes de Trabajo25.

 

24 OIT: “Ampliar la protección de la seguridad social para las trabajadoras domésticas remuneradas”. Notas OIT 4, Santiago, p. 1.

25 Ibíd., p. 2.

 

Por otro lado, el derecho de las mujeres a gozar de protección a la maternidad es reconocido como uno de los beneficios laborales más importantes y consagrados en la legislación de la mayoría de países de la región que contemplan medidas relacionadas con la prohibición del despido por razón del embarazo, previéndose: indemnizaciones extraordinarias cuando estos hechos se presenten, la licencia por maternidad (permiso pre y post natal), el control de salud de la mujer durante el embarazo y tras el parto, asistencia médica y subsidios. Sin embargo, muchos factores tornan difícil su acceso a los beneficios y garantías.

A pesar de que en la mayoría de los países se considera como aseguradas obligatorias a las trabajadoras del hogar, ellas tienen un bajo nivel de cotización y de acceso a los sistemas de previsión social en prácticamente la totalidad de los países, lo que las deja automáticamente fuera de la protección a la maternidad. Además, existen marcadas limitaciones de parte de las autoridades, que cuentan con sistemas fiscales y de reclamo poco eficientes para supervisar el cumplimiento de esta obligación.

 

Organización y representación de las trabajadoras del hogar

 

La libertad sindical y de asociación, y el derecho a la negociación colectiva son dos de los principios medulares que propugna la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo26. Si bien, los órganos de control de la OIT reconocen desde muchos años que estos principios también son válidos para las trabajadoras del hogar, en la mayoría de países carecen todavía de protección jurídica necesaria para hacerlos realidad27.

A pesar de esta situación, las trabajadoras del hogar de la región llevan varios decenios intentando ejercer sus derechos a través de organizaciones colectivas denominadas sindicatos (Argentina, Bolivia y Chile), asociaciones (Ecuador, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica) y, asociaciones y sindicatos (Perú, Chile y República Dominicana), producto del cual han logrado que sus reivindicaciones sean asumidas por otros actores con poder para incidir en la agenda pública.

Sin embargo, las condiciones sociales y económicas, el proceso de trabajo y la situación del TDR siguen conllevando inmensas dificultades para que las trabajadoras del hogar puedan reunirse y compartir información sobre su vida cotidiana y los problemas que enfrentan en su trabajo, poniendo en cuestión la formación, permanencia y éxito de las organizaciones28. Por el lado de los empleadores y las empleadoras también se presentan serias dificultades para organizarse, salvo la experiencia de la Liga de Amas de Casa de Uruguay no existen otras organizaciones similares en la región.

En estas condiciones no se logran establecer los requisitos del diálogo social, especialmente por el fuerte desbalance que existe entre la parte empleadora y trabajadora,29 más aún si tenemos que en varios de los países del continente no existen las condiciones para que las organizaciones de trabajadoras del hogar adquieran personería jurídica como sindicato ni cuentan con el derecho de afiliación directa a federaciones o confederaciones sindicales,30 de ahí se explica que muchas de las organizaciones hayan tenido un desarrollo desigual en el continente.

Actualmente, a nivel de toda América Latina y el Caribe, sólo Uruguay provee las condiciones necesarias para negociar colectivamente. A este proceso concurren el Sindicato Único de Trabajadoras Domésticas (SUTD) y la organización empleadora, la Liga de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios31. Uno de los principales resultados es la firma de un convenio colectivo en el año 2008 que regula cuestiones como el salario mínimo y un procedimiento de ajuste salarial, una gratificación extraordinaria, prima por antigüedad, indemnizaci6n por despido, horas extras, condiciones de trabajo, ropa y útiles de trabajo. Además, una de las clausulas compromete a las partes a luchar contra Ia informalidad.

 

26 Estos derechos están consagrados en el Convenio 87, relativo a la libertad sindical y a la protección del derecho a la sindicalización y el Convenio 98 sobre la aplicación de los principios del derecho a la sindicalización y la negociación colectiva.

27 OIT: “El derecho a la organización de las trabajadoras domésticas remuneradas”. Notas OIT 7, Santiago, p. 1.

28 León M.: Op. Cit. p. 14.

29 Valenzuela, M. E., Rangel M.: Op. Cit. p. 71.

30 Ibíd.

31 OIT: Op. Cit., p. 1